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TIEMPO REAL

Posted on 24/10/2018 by

Todo empieza al nacer, en ese momento nos incorporamos a la realidad física y al espacio/tiempo, que discurre  entre la primera respiración y la muerte. Llegamos a un río o camino que ya existía antes, el tiempo de la familia, la tribu, el pueblo, el país, el planeta. No solo a un lugar geográfico y una familia, al nacer nos incorporamos y accedemos a la memoria colectiva. Llegamos atraídos por el deseo de otros que ya estaban ahí, antes que nosotros, y nos construimos con su sangre, sus cuidados, sus recuerdos y experiencias, sus actitudes, conocimientos y sentimientos; nos insertamos en su historia, en los significados que dieron a lo vivido, en su interpretación de la realidad, en las elecciones que hicieron. Incorporamos sus gestos, sus hábitos, sus costumbres y, más adelante, los datos de la educación y del ambiente social. Un entramado de recuerdos, emociones, sueños, palabras, ideas, símbolos, mitos, cuentos y leyendas, que será alimentado de nuestras propias experiencias, sensaciones e interpretaciones subjetivas y poblará nuestro mundo psíquico.

Pero ¿Qué es el tiempo? Sentimos el tiempo como un discurrir, como el agua de un río que viaja del pasado al futuro en una sucesión de instantes. A veces el tiempo nos parece un camino y nos supone un esfuerzo, a veces es como el agua y se nos escurre entre las manos. A veces es como el cruel Saturno, que devoraba a sus hijos. ¿Pero realmente es eso el tiempo? ¿Un camino hacia la muerte? ¿Un gasto de energía que nos aboca, por la segunda ley de la termodinámica, a la entropía, a la pérdida de calor, la degradación, el deterioro y la muerte?

Cuando ofrecemos nuestro tiempo damos un trozo de nuestra vida, dedicamos un tramo de nuestro río de la vida con todo su contenido de voluntad, habilidades, conocimientos, memoria, atención y esfuerzo a cambio de algo, de dinero, de amor, de reconocimiento, a veces de forma incondicional, o por un ideal, una necesidad, un sueño… ¿Es eso el tiempo? ¿Una moneda de intercambio?

Los humanos ancestrales descubrieron que medir el tiempo nos ayudaba a sobrevivir y aprovechar mejor los recursos. Las cuevas paleolíticas nos servían de refugio y a la vez nos conectaban con otros grupos de humanos y con el misterio, la madre naturaleza. Eran un símbolo de su poder generativo, de su fertilidad y sus ciclos, que se manifestaba en sus espacios oscuros y profundos en los que nació nuestra mente simbólica, nuestra capacidad para interpretar y dialogar con el mundo.

Gracias a la Luna pudo desarrollarse el calendario más antiguo. En sus fases cambiantes dibujaba un ciclo inmediato, cercano y fácil de contabilizar. Era joven en su fase creciente, adulta en la Luna llena y anciana en la luna menguante, las tres etapas de la vida. En su cuarta fase, cuando desaparecía en el cielo, viajaba al otro lado, al mundo de la muerte, donde descansaba y se regeneraba para volver a nacer. Como representante de todos los ciclos de la vida, era percibida como una unidad andrógina que se fecundaba a sí misma y paría un hijo cada año, el Sol, que nacía en el solsticio de invierno, era joven en primavera, adulto en verano y anciano en otoño, para viajar después hacia la muerte y la oscuridad hasta el tiempo de volver a renacer.

Con la revolución agrícola aparecieron los nuevos calendarios solares. Aprendimos a medir las estaciones para sembrar, cosechar, aprovechar el fruto y proteger las semillas. El tiempo se extendió más allá del presente lunar hacia un futuro solar, abierto a nuevos horizontes y territorios, y se desarrolló nuestra capacidad para intervenir, modificar y controlar el territorio y el tiempo. Aparecieron los dólmenes y megalitos, que se orientaban a los solsticios y equinoccios y era puntos de referencia para los grupos de humanos. En los encuentros estacionales se intercambiaban productos e información, se estimulaban las relaciones y se favorecían los vínculos; servían para integrar a los niños en el grupo, para educar y para conectar los diferentes niveles del sistema en el que vivíamos inmersos, la Tierra, la Luna, el Sol, las estrellas, las plantas, los animales y el paisaje.

El calendario solar egipcio estaba relacionado con las crecidas del Nilo. Cuando la estrella Sirio salía antes del Sol al amanecer, anunciaba la crecida anual del río y el tiempo de siembra. El comienzo y el final del año giraban entorno a esas fechas, que se convirtieron en el tiempo sagrado, y se construyeron las pirámides como el espacio sagrado en el que los elegidos penetraban en la eternidad de los dioses.

A pesar de que el calendario solar se volvió importante para proyectar la vida, se mantuvo el calendario lunar, que siguió siendo fundamental porque se sincronizaba con los ciclos de apareamiento y reproducción de los animales, con el crecimiento de las plantas y los ritmos de las mareas. El punto de inflexión entre ambos calendarios eran las lunas nuevas y los eclipses.

El tiempo lineal, administrativo, comercial y político, en el que un día sucede a otro y las cualidades cíclicas del tiempo se desdibujan en aras de la productividad, nació con los primeros imperios, que habían convertido la violencia, la conquista y la guerra en su principal fuente de economía y poder. En sus calendarios el año comenzaba a finales de marzo, cuando llegaba la primavera, el clima se hacía más benigno y los caminos empezaban a secarse, lo que facilitaba el tránsito de las caravanas y el desplazamiento de tropas y carros de combate para las campañas militares. Este primer mes fue consagrado a dioses guerreros como el Ares griego o el Marte romano.

El calendario juliano fue ordenado por Julio César en el año 46 d.C. Fue un ajuste del calendario en el que se crearon los años bisiestos, de esta forma se corregían los desfases que nacían de contabilizar el año trópico en 365’25 días, cuando la cifra correcta es de 365,242189 días. Cada año se producía un desfase de unos 11 minutos que se acumuló en el día añadido cada cuatro años al mes de febrero.

La siguiente corrección del calendario, el calendario gregoriano, fue ordenada por el papa Gregorio XIII en el año 1582. La intención era ajustar el desfase producido desde que en el Concilio de Nicea, organizado por Constantino en el año 325, se establecieran las fechas claves del año litúrgico, como la Navidad, el 25 de diciembre, o la Pascua, en la primera Luna Llena después del equinoccio de primavera. También se buscaba crear una convención de tiempo que sirviera para los viajes y los acuerdos comerciales.

Con la llegada de los calendarios lineales, los ciclos de la Luna y el Sol dejaron de considerarse y se convirtieron en ceremonias religiosas cada vez más herméticas y alejadas de su verdadero significado. Así nació el tiempo ordenado por Dios, marcado por las leyes del destino, por los pecados y castigos, por las recompensas y merecimientos; basado en leyes rígidas de causa y efecto que, casi siempre, eran sobre todo para justificar el sufrimiento de las clases inferiores y el poder de los que estaban en la cúspide de la pirámide y se consideraban elegidos. De esta forma el presente que unifica el espacio/tiempo con los ciclos del planeta, simbolizado por el círculo espiral o el mandala de ocho lados, quedó hipotecado por los pecados y el karma.

La plenitud de los instantes fue castigada y lanzada fuera de la Tierra, hacia las esferas celestes, y condenada a un presente de sacrifico, resignación y sumisión. Nacer en la materia, ser en el espacio/tiempo, se convirtió en una especie de destierro. El anhelo de volver a los lugares idílicos del paraíso perdido se convirtió en el motor de un sistema que se alimentaba del espacio/tiempo de los humanos.

Poco a poco el tiempo del pecado y la obediencia se convirtió en el tiempo a cambio de dinero. Entre uno y otro, el tiempo de las mujeres y el tiempo de los esclavos eran tiempos sometidos, sin posibilidades de elección, sin libertad, y su energía fue dirigida y modificada en función de los intereses de otros. Las nuevas leyes señalaron a partir de entonces el espacio/tiempo de cada uno en la pirámide colectiva. Un tiempo que se justificaba en los mitos de la caída o el  pecado original.

Nació la idea de la materia como cruz del espíritu y la cruz cuadrada, de las cuatro direcciones y estaciones, se convirtió en una cruz desigual, símbolo de la caída del alma inmortal en el sufrimiento de la materia devorada por el tiempo.

La mujer se convirtió en aliada del demonio al ser la puerta de entrada al mundo físico y la Luna, con sus calendarios cíclicos y su conexión con la naturaleza y la fuerza generativa, fue convertida en bruja y quemada en la hoguera.

Tiempo después, a partir de la Ilustración en el siglo XVIII y de la expansión de horizontes y conocimientos del siglo XIX, se produjo una gran revolución científica y social en el siglo XX, con descubrimientos que cambiaron nuestra concepción del mundo, como la teoría de la relatividad de Einstein. Según ésta, el tiempo y el espacio son indivisibles y forman un tejido que se ve afectado por la gravedad que, desde el nuevo punto de vista, es la curvatura que genera la materia en ese tejido espacio/tiempo. La percepción del espacio y el tiempo cambian en función de la posición y la velocidad del observador; a más velocidad, el tiempo se hace  más lento y a menor velocidad, el tiempo corre más deprisa. Este efecto sólo se notaría de forma significativa si viajáramos a la velocidad de la luz, pero de una forma más sutil puede percibirse en muchas situaciones de la vida cotidiana. Según la teoría de la relatividad, cada persona tiene su propia medida del tiempo en función de dónde se encuentra y cómo se mueve.

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Stephen Hawking nos llevó al horizonte de sucesos de los agujeros negros, donde todo se detiene, y al momento anterior al Big Band, donde nació nuestro universo y con él el espacio/tiempo.

Otro descubrimiento importante fue el principio de incertidumbre, postulado por Heisenberg.  En la mecánica de partículas, nos dice que no se puede saber a la vez dónde está algo (por ejemplo, un electrón) y a qué velocidad se está moviendo, ya que cuando queremos medir la posición y velocidad de un electrón necesitamos verlo y para eso es necesario que un fotón, una partícula de luz, choque con él, lo que modifica su posición y velocidad, por lo que la presencia del observador modifica lo observado.

Hoy sabemos que el tiempo es un discurrir desde un pasado a un futuro y esto se manifiesta en formas diferentes, como en la flecha termodinámica o flecha de la entropía, que describe el camino hacia la muerte térmica y la disolución. La entropía podría ser uno de los futuros posibles de nuestro universo, que al parecer se expande, se enfría y camina hacia la muerte térmica. Pero puede que existan multitud de universos paralelos y que los átomos y moléculas que nos conforman se manifiesten en esos universos en una multitud de  variantes; puede que ahora mismo estén sucediendo montones de Big Band más allá de los límites de lo conocido; puede que exista una velocidad mayor que la de la luz, puede que un día podamos viajar a través de agujeros de gusano

En nuestro cerebro, en la psique, percibimos el tiempo como un discurrir del pasado hacia el futuro. Mientras recordamos el pasado de forma subjetiva, el futuro es una aspiración, un proyecto, un horizonte desconocido.

“El tiempo es el medio de volver real aquello que es potencial” Mª Louise von Franz.Resultado de imagen de Misterios del tiempo de Marie Louise von FRanz

Hay otras formas de percibir el espacio/tiempo y la energía en su dimensión cualitativa, como ocurre en el tiempo sincrónico, que surge como una señal en medio del discurrir cotidiano, una señal que quizás nos llega desde lo desconocido de nuestra psique inconsciente y que en secreto dialoga con la energía del todo.

La sincronicidad Imagen relacionadadescribe una situación en la que una imagen aparece en la consciencia, en un sueño, en un presentimiento, y a la vez un acontecimiento externo coincide de forma extraña y sorprendente con esa imagen de la psique. C. G. Jung investigó estas extrañas manifestaciones con el físico W. Pauli, con el que colaboró en un libro llamado: Sincronicidad como principio de conexiones acausales.

Resultado de imagen de sincronicidad david peatFue investigada también por los físicos David Bohm y David Peat, que la resume en su libro: Sincronicidad.

Por otra parte, la energía electromagnética se propaga en ondas y se manifiesta como luz, colores, sonido, rayos infrarrojos, electricidad, en función de las diferentes longitudes de onda. Cuando vemos la luz ésta siempre está en el pasado, porque la luz del sol nos llega ocho minutos después de ser emitida, es el tiempo que tarda la luz en recorrer la distancia entre el sol y la tierra.

En el mundo cuántico, el de las partículas subatómicas, en el plano microscópico, el tiempo puede ir hacia delante o hacia atrás. En cambio, en el plano macroscópico o visible, el tiempo marcha siempre hacia delante y tiene un carácter irreversible.

La energía se mueve en ciclos, podemos ver una partícula como onda y como partícula a la vez, lo que nos descubre un universo y un tiempo/espacio más complejo y creativo, marcado por la gravedad, la velocidad, la percepción, los observadores, las fluctuaciones cuánticas, la entropía, las transformaciones, la vida.

El concepto de entropía negativa fue introducido por Schrödinger en su libro ¿Qué es la vida? en 1943.

La neguentropía o entropía negativa es la entropía que un sistema vivo exporta para mantener su entropía baja y de esta forma compensar el proceso de degradación a lo largo del tiempo. Schrödinger apuntó la idea de que los seres orgánicos se desarrollan aumentando su complejidad de forma que pueden aprovechar los excedentes de energía del medio y devolver sus propios excedentes, que son aprovechados por otros seres vivos. Mientras los cuerpos inorgánicos caminan en el tiempo según la segunda ley de la termodinámica, desorganizándose y degradándose hasta no distinguirse del medio, los seres vivos, orgánicos, se desarrollan incrementando su complejidad estructural, diferenciándose y modificando el medio ambiente. Podemos hablar de otra flecha del tiempo, la flecha neguentrópica, que apunta a un aumento de la complejidad, de la diferenciación y de la información.

El meteorólogo Edward Lorenz, a mediados del siglo XX, propuso la teoría del caos según la cual algunos sistemas dinámicos pueden verse afectados por pequeñas variaciones en sus inicios que den lugar a resultados inesperados en su desarrollo. Lorenz puso el ejemplo de El efecto mariposa”.

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Ilya Prigogine, en su teoría de las estructuras disipativas, planteó la idea del tiempo real como una flecha evidente e irreversible para todo lo que existe, aunque determinada por bifurcaciones, sucesos y momentos aleatorios en los que la flecha puede tomar diferentes direcciones sin que podamos saber cuál va a tomar y cuáles van a ser las consecuencias, lo que supone un fuerte indeterminismo o en todo caso un cálculo de posibilidades. En las épocas situadas entre bifurcaciones aumenta el determinismo y en las épocas de bifurcaciones, aumenta el indeterminismo.

Desde esta perspectiva el tiempo es una magnitud irreversible en todo el universo, pero no es lineal, está sometido a puntos de bifurcación e inestabilidad afectados por sucesos aleatorios que pueden cambiar la orientación de todo el sistema o transformarlo en otro.

“Vamos de un mundo de certidumbres a un mundo de probabilidades. Debemos encontrar la vía estrecha entre un determinismo alienante y un universo que estaría regido por el azar y por lo tanto sería inaccesible para nuestra razón.
En un mundo donde ya no impera la certidumbre, restablecemos también la noción de valor. Sin duda en el siglo XXI veremos el desarrollo de una nueva noción de racionalidad donde razón no estará asociada a certidumbre y probabilidad a ignorancia. En este marco, la creatividad de la naturaleza y, sobre todo, la del hombre, encuentran el lugar que les corresponde”
Ilya Prigogine.

Hoy se abre aún más la percepción de la realidad al contemplarla a través de la teoría cuerdas, una serie de cuerdas vibrantes que estarían en la composición más profunda de la materia.

Con todo, seguimos inmersos en el tiempo de nuestro planeta, sostenido por los ciclos de la Tierra alrededor del Sol, con las estaciones y sus climas; por el giro de la Tierra sobre sí misma, que da lugar al día y la noche; y de la Luna alrededor de la Tierra, que ilumina y equilibra nuestros ritmos con sus fases de luz y oscuridad.

Mes viene de mensis, luna en latín, que deriva del indoeuropeo men, luna, que en griego era mene. Los meses nacieron del calendario lunar de 28 días y las semanas de siete días de los siete días de las fases lunares. La celebración de un día de descanso semanal, la menstruación de la luna, se asocia con la fase de la luna oscura y los antiguos rituales de descanso y purificación.

Los ciclos solares y lunares afectan a las mareas, los vientos, las corrientes de los océanos, los ciclos reproductivos, los ciclos hormonales, la fotosíntesis de las plantas, nuestro sueño y vigilia. Son los ciclos reales en los que se inserta la vida en la tierra. El Sol tiene ciclos en los que aumenta su actividad y se producen las tormentas solares. Por la llamada precesión de los equinoccios el punto vernal o equinoccio de primavera, equinoccio de otoño en el hemisferio Sur, va cambiando hasta recorrer toda la franja elíptica, es el llamado Gran año que dura unos 25.776 años. Cuando se inventó la astrología el punto vernal tenía como fondo a la constelación de Aries, de aquí que el punto vernal se conozca también como punto de Aries. A cada 30° de arco le corresponde una de las 12 constelaciones del zodiaco y actualmente el punto vernal transita sobre Piscis. Año cósmico o año galáctico es el período de tiempo que tarda el sistema solar en dar una vuelta alrededor del centro nuestra galaxia, la Vía Láctea. Entre 225 y 250 millones de años terrestres. El ciclo Saroscreado por los caldeos, servía para predecir los eclipses. Cada 19 años la Luna y la Tierra vuelven a la misma posición en sus órbitas y los eclipses se repiten. Además, las fechas de las fases de la luna se repiten cada 19 años y es el llamado ciclo Metónico, que como el ciclo Saros, servía para predecir eclipses.

El tiempo como ciclo nos da la idea de ritmo, como el ritmo respiratorio, el pulso cardíaco, el ciclo menstrual, el ciclo circadiano (entre el sueño y la vigilia), el ciclo metabólico. La idea de ritmo se asocia a la música, manifestación de la energía en una de sus formas más armónicas, que aporta orden al desorden. Desde este punto de vista, el tiempo puede tener un ritmo estridente, un estrés, o un ritmo armónico, un fluir.

Podemos percibir el tiempo como una secuencia de ritmos dentro de ritmos que se retuercen en espirales fractales.

Nuestros ciclos biológicos se imbrican en los ciclos del planeta y se entrelazan con los ciclos de las plantas, de los animales y minerales, con los ciclos climáticos, los ciclos sociales, los pulsos electromagnéticos. Ciclos dentro de ciclos que interactúan y se influencian unos a otros.

Desde nuestra percepción individual y subjetiva, podemos describir los diferentes tiempos en los que se desenvuelve nuestra vida como:

Tiempo interno – lunar, asociado a los ciclos hormonales, el metabolismo, al ritmo circadiano y los cambios fisiológicos. A los estados emocionales, a la percepción y la sensación, a la memoria. Es el laboratorio interno que influencia nuestros estados de ánimo.

Tiempo social– solar, asociado a nuestra vida activa, las decisiones, la organización, los proyectos, los compromisos y el mantenimiento energético, la economía, la vocación, la función social, el rol familiar. Es nuestra imagen pública y tiene relación con nuestras aspiraciones, los deseos de evolución y reconocimiento; con la necesidad de expresar, comunicarnos con los demás y dejar una huella de nuestro paso por la vida.

Imbricados en estos tiempos, como ruedas dentro de ruedas, están los tiempos de la familia, los hijos, el amor y los sentimientos.  Del trabajo, con horarios, productividad, metas y recompensas. Del compromiso e intercambio social, las actividades grupales, la amistad, la ayuda y el servicio, el ocio y la cultura, las fiestas y rituales. Del mantenimiento del espacio, del territorio personal y el cuerpo, de la higiene y la salud, el descanso y la alimentación. Este tiempo se conecta con el tiempo de los sueños, al que accedemos al dormir y en el que nuestro cerebro procesa las impresiones y experiencias del día y a la vez rastrea información y viaja fuera del tiempo a los mundos del inconsciente personal y colectivo.

En el Tiempo Real  incorporamos a estos tiempos, de forma elegida y consciente, un nuevo tiempo que atraviesa y matiza todos los demás, el tiempo creativo. Un tiempo para hacer aquello que nos gusta, que nos apasiona, que nos llena de emoción y nos construye. Aquello que nos ayuda a conocernos, nos hace crecer, nos abre a nuevas ideas, nos sirve para expresar y comunicar, nos descubre nuestra capacidad, nos potencia y nos hace únicos. Un tiempo que enlaza todos los tiempos y nos acerca a la felicidad.

Este tiempo tiene relación con las actividades artísticas y culturales, los pasatiempos (hobbies), los estudios e intereses intelectuales, la investigación, los viajes, el desarrollo y descubrimiento de nuestras capacidades, con la vocación y con todas las actividades que implican innovación, intuición y creatividad.

Al incorporar actividades que desarrollan el tiempo creativo nos damos cuenta de que éste, por su cualidad, impregna todos los demás tiempos y espacios de la vida.  Cuando esto ocurre el tiempo de la vida se unifica y descubrimos un ritmo, una música, un fluir que despierta nuestra confianza en las horas bajas y activa el desarrollo de nuestros recursos.

En ese tiempo desaparece el tiempo lineal y nos sumergimos en un tiempo expandido, circular y cíclico, que nos vuelve a sintonizar con la Tierra, la Luna, el sistema solar, la galaxia y el universo. Es el tiempo en el que reconocemos el poder de elegir y descubrimos que el elegir consciente es amor, es creación, es el arte de vivir, es tomar las riendas y actuar en la dirección de lo somos y nos hace felices. Ese tiempo nos conecta con ese lugar donde somos honestos con nosotros mismos, sin miedo a nuestras zonas oscuras, donde nace una nueva mirada que suaviza nuestros prejuicios para recuperar la flexibilidad, la poesía, el dibujo, los colores, el diseño; donde nos convertimos en viajeros del tiempo, creadores de nuestras propias metáforas.

Todo comienza al preguntarse, meditar, observar con calma lo que ocurre; pararse y reflexionar antes de actuar; percibir la cualidad de los momentos, de las situaciones, de los lugares, de nuestras emociones, de nuestras necesidades y deseos; de nuestras sensaciones e interpretaciones. Accedemos así a un tiempo presente, que puede sentirse en el centro del ser, desde el que elaborar proyectos entre el pasado y el futuro.

Este es el tiempo real que abre las puertas de la percepción entre el sueño y la vigilia, consciente e inconsciente, razón e intuición, pensamiento e imaginación, ciencia y mito, definición y símbolo; con el objetivo de explorar nuestra capacidad creativa, el fluir y el elegir.

Sobre fluir: Resultado de imagen de Fluir una psicologia de la felicidad

 

Y sobre la inteligencia creadora:Resultado de imagen de el poder de la inteligencia creadora jose antonio marina

 

 

 

 

 

La imagen principal es de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Mandel_zoom_12_satellite_spirally_wheel_with_julia_islands.jpg

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