Calendarios Juego de la Oca

SOBRE OCAS Y LUNAS Y EL CUARTO CICLO DEL AÑO

El Juego de la Oca es un símbolo asociado al peregrinaje de la vida, un viaje por las coordenadas del espacio/tiempo, por los días y los lugares.

Estoy segura de que cuando el Juego de la Oca surgió en el Renacimiento ya había recorrido su propio largo viaje. Nos lo demuestran las figuras espirales de la antigüedad, los antiguos calendarios lunares del paleolítico y los mitos sobre el laberinto. El laberinto como meandro, como prueba, como perdedero, como es la vida a veces con sus momentos oscuros; y el laberinto como experiencia de conocimiento y consciencia.

El Juego de la Oca, como todos los juegos, es también una historia, un relato de los acontecimientos que se suceden desde la primera tirada y hasta su final. Un juego en el que como en Ítaca, el poema de Kavafis, lo importante no es la meta sino el recorrido, el viaje con sus experiencias y descubrimientos.

Llevo muchos años siguiendo los calendarios celestes, investigando en sus luces y en los matices de su energía, y hace tiempo que quería investigar las claves simbólicas del Juego de la Oca y su posible sincronicidad con los ciclos lunares y solares.

No en vano el Juego de la Oca apareció en el Renacimiento, una época de alquimistas que buscaban la piedra filosofal, la unión intima de los opuestos; y de astrólogos que miraban al cielo para comprender lo que pasaba en la tierra y recuperar la sabiduría ancestral de los ritmos, aquella que sirvió a nuestros antepasados para conocer los ciclos de las siembras y cosechas. Ritmos dentro de ritmos que recobraron su valor justo cuando los poderes de la Iglesia y de los imperios se atrincheraban con su máxima violencia para limitar cualquier intento de comprensión y conexión íntima con la naturaleza y sus ciclos.

Este año 2020, que llegó con tantos acontecimientos en el cielo y en la tierra, me puse a investigar esa posible asociación entre las ocas y las lunas que llevaba tiempo buscando. Era evidente que quienes colocaron ocas en las casillas asociadas con la numerología del nueve, lo hicieron con la intención de simbolizar algo importante, y las ocas simbolizaban a la antigua Diosa representada en las figurillas de grandes senos del Paleolítico, y que fue multiplicando su simbolismo conforme descubríamos sus cualidades, que eran las de nuestra madre naturaleza. A veces generosa y abundante, otras terrible y otras llena de belleza, su simbolismo integraba a la Tierra como espacio y a la Luna como tiempo, el tiempo/espacio en el que todo se manifiesta desde que nace de la Madre Energía.

El árbol era el símbolo que unía sus dos aspectos, Tierra y Luna desde las raíces, que se hundían y alimentaban en lo profundo de sus entrañas, a las ramas y hojas que extendían sus brazos hacia el cielo y manifestaban los cambios estacionales, y con el tronco como eje, como sostén, como punto de referencia.

Los árboles, las serpientes, los conejos y liebres, las aves, las vacas y toros, los leones y leonas, los huevos, las semillas, las fuentes … Todo era sagrado, todo era la Madre, todo era la Energía; todo la simbolizaba en sus diferentes formas y manifestaciones en el ciclo continuo.

Las ocas y gansos junto con las grullas y otras aves estaban asociadas y representaban a la Diosa. Mientras los cisnes se asociaban a su belleza, las grullas eran sus mensajeras porque con sus vuelos migratorios anunciaban los cambios estacionales y además, en sus danzas nupciales representaban los ciclos de la vida entre el nacimiento y la muerte, el dibujo de sus saltos recuerda a la espiral laberíntica. Las ocas eran guías y protectoras porque con sus gritos avisaban y protegían los poblados. La pata de oca es la runa Algiz, que representa el árbol sagrado y es un símbolo de protección.

Desde este punto de vista, las ocas del juego representan a la Diosa como guía, alimento y protección en las encrucijadas de la vida, en el peregrinaje sagrado, en la iniciación al diálogo íntimo y con la naturaleza.

Así que cada oca del juego señala una encrucijada, un momento significativo en el que sus gritos nos lanzan un mensaje que puede ayudarnos a escoger el camino correcto, a comprender algo importante, a reconocer el siguiente paso. Las ocas son maestras y siempre nos enseñan algo.

Si las ocas representan a la Diosa en los tableros del juego, también representan a la Luna en su viaje por el cielo con sus luces y sombras.

Para que los calendarios lunares en el Juego de la Oca tengan un sentido real en el ciclo no pueden comenzar de forma aleatoria en cualquier momento lunar, lo mejor es comenzar con la Luna Nueva de Acuario, la que trae las energías nuevas del año solar después del solsticio de invierno. Por eso estos ciclos comenzaron en la Luna Nueva de Acuario del día 24 de enero del año 2020.

El interés está en descubrir las cualidades del tiempo y sus sincronicidades; en experimentar el presente con su energía; en reconocer y dialogar con lo que está pasando; en aprender a sentir y a observar la realidad de nuestra presencia en el espacio/tiempo para desarrollar una consciencia despierta, ahorrar energía, dialogar con la vida,  comprender, aceptar, elegir, razonar y desarrollar una lógica coherente con la naturaleza que somos.

Hace poco leí en el libro de Juan Luis Arsuaga y Manuel Martín – Loeches, El sello indeleble:“El ser humano destaca por ser tremendamente propicio al juego. El historiador holandés Johan Huizinga sugirió que nuestra especie podría llamarse “Homo ludens” (…)

El juego no es un fenómeno exclusivo de nuestra especie; muchas otras lo practican durante su infancia. Es una actividad muy destacada en los primates, especialmente en algunos grandes simios, como los chimpancés. El juego parece ser una actividad muy preponderante en especies con un marcado carácter social y que en la edad adulta presentan un carácter más flexible. Sin embargo, en nuestra especie se daría el curioso fenómeno de que el juego no disminuye su intensidad con el inicio de la edad adulta, llegando en ocasiones a invadir nuestras vidas hasta en sus más íntimos rincones. Jugar es divertido, o al menos gratificante. El juego llena el cerebro de opiáceos naturales, que refuerzan y motivan las acciones que estemos llevando a cabo.”

El diálogo con la luna y sus ciclos, y con las ocas y sus paisajes, puede ser una forma de jugar con consciencia en el escenario de nuestra vida.

El pozo, los puentes, el laberinto, la cárcel, los dados, pueden señalar momentos significativos, cualidades del tiempo, propuestas simbólicas para aprender a conocernos, para reconocer los lazos que nos enredan en laberintos, las oportunidades que nos salen al paso, los puentes que nos llevan a nuevos horizontes y experiencias, la quietud necesaria para recapitular y reconocer. La muerte que nos recuerda que nada permanece, que todo cambia; la posada que nos avisa de que necesitamos de vez en cuando un respiro, un descanso, una comida y una charla compartida sin prisas. Las ocas que nos enseñan, protegen y guían en las pequeñas o grandes encrucijadas cotidianas. Y la última oca, que nos señala la sabiduría del ciclo, la que hemos incorporado en este trozo del viaje y que nos invita a compartir en su jardín de ocas, con algunas de esas cosas bellas que esconde la vida. 

Primer ciclo de enero a marzo.

Ahora que he diseñado el cuarto ciclo de lunas y ocas descubro que desde que la primera etapa del juego comenzó en la Luna Nueva de enero, el día 24 a 4º22’ de Acuario, cada una de las siguientes etapas ha seguido el ciclo de fases de la Luna de forma sincrónica, con lo que la segunda etapa comenzó el 28 de marzo en el primer cuarto creciente de la Luna, o Luna Semilla, a 17º06’ de Tauro.

Segundo ciclo de marzo a mayo.

La tercera etapa comenzó el día 31 de mayo en el segundo cuarto creciente de la Luna a 21º15’ de Virgo.

Tercer ciclo de mayo a agosto.

la cuarta etapa ha comenzado el día 3 de agosto en la Luna Llena a 11º 46’ de Acuario.

Cuarto ciclo de agosto a octubre.

Según he observado en las efemérides, el siguiente ciclo, el quinto, comenzará en el primer cuarto menguante en octubre, y el sexto en el segundo cuarto menguante en diciembre, y el séptimo será ya en la luna oscura, justo el día anterior a la Luna Nueva de Acuario en febrero.

Será interesante seguir los ciclos de las ocas y las lunas, estoy segura de que esconden claves sobre la dinámica espiral del tiempo, sobre nuestras semillas y su desarrollo, pero sobre todo será una oportunidad de viajar y jugar en el tiempo/espacio.

Por la numerología del Juego de la Oca, que tiene 63 casillas más el jardín de Ocas, la 64, en el último ciclo añadí al tablero los 64 hexagramas del I Chin, un libro sobre los ciclos que me ha servido para reflexionar y ver más allá en las situaciones desde hace muchos años. Esta asociación ha dado como fruto unos símbolos que me han servido para encontrar los tonos de las demás casillas del juego, y para añadir información a los tonos de las casillas de las Ocas y las demás casillas simbólicas.

En la siguiente entrada hago un recorrido por esos símbolos del I Chin y sus significados, que he intentado actualizar a los lenguajes del presente.

One thought on “SOBRE OCAS Y LUNAS Y EL CUARTO CICLO DEL AÑO

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.