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ROLES DE GÉNERO EN LOS CUENTOS DE HADAS

Posted on 01/05/2018 by

Los cuentos están en el origen del lenguaje, guardan el secreto de los ciclos vitales y configuran la estructura de la psique porque nacen en las profundidades de la experiencia humana, el inconsciente colectivo.

Muchos anuncian la transformación sexual de la infancia al estado adulto. Avisan de los peligros que implican esos cambios y enseñan sobre los roles de género y lo que se espera de las niñas y niños una vez realizada la transición sexual.

Los cuentos más famosos tienen sobre todo protagonistas femeninas. Es el caso de La Bella Durmiente o Blancanieves, niñas sometidas a durísimas pruebas que obtienen su recompensa con la llegada de un príncipe. En estos cuentos encontramos indicaciones claras sobre los valores asignados por la sociedad patriarcal a las mujeres, pureza, castidad, inocencia, ingenuidad, virginidad, belleza ensimismada, adormecimiento. No actúan, no eligen, no deciden y cuando lo hacen, cometen algún error, como en el caso de Blancanieves que come la manzana envenenada, como la Eva bíblica. Solo la llegada del príncipe las salvará y será su iniciador sexual y su guía.

Las niñas aprenden a ser dulces, educadas, espontáneas, alegres, divertidas, compasivas, bellas, aseadas, serviciales, atentas. A disfrazarse para representar el papel que se espera de ellas, a no manifestar sus sentimientos, sus necesidades y mucho menos sus deseos. A estar siempre bellas y modular el tono de su voz para que sea dulce al oído. No molestar, sonreír como si todo les pareciera bien, usar zapatos delicados y diminutos y si es necesario, mutilar sus pies para que se adapten a los fetiches masculinos.

Con la llegada de la cultura patriarcal y el control de la tierra y de la herencia, los antiguos mitos de la diosa se transformaron para afianzar la posesión de la mujer y asegurar el origen de la descendencia. Las antiguas representantes de la fuerza vital, la diosa en sus múltiples manifestaciones, fue reducida a ninfas de árboles y fuentes que el nuevo dios patriarcal, Zeus, se dedicó a violar y a humillar.

Ariadna era una de las antiguas diosas, la Señora del Laberinto que, con la llegada del nuevo orden y sus héroes, se ofrece a colaborar y luego es despreciada y abandonada.

https://lagrulla.org/donde-nacen-los-cuentos/

Galatea, blanca como la leche, era una nereida de la que se enamoró el cíclope Polifemo, la Bestia. Ella estaba enamorada del pastor Acis, al que Polifemo mató lleno de celos.

Pygmalion y Galatea – Goya.

También era Galatea la estatua que realizó Pigmalión, al que desagradaban las mujeres reales. Una figura de mujer de rasgos perfectos. Pigmalión pidió a Venus que le diera vida y cuando besó su blanco mármol ésta despertó y se enamoró de su creador. En el mito de Galatea encontramos tanto a Bella como a Blancanieves. La primera es sometida por la Bestia, la segunda es congelada en su belleza hasta que el beso del amado la devuelve a la vida.

En el Asno de Oro, Apuleyo nos relata la historia de Eros y Psique. Describe el estado idílico del amor en sus comienzos, cuando el ser amado es maravilloso y no vemos sus defectos, y el descenso a los infiernos que supone el descubrimiento de la verdadera realidad. En una lectura más profunda, Eros y Psique representan aspectos duales de nuestro ser y el conflicto que, desde la llegada del nuevo orden patriarcal, se abre entre alma y cuerpo, entre espíritu y materia.

https://lagrulla.org/eros-y-psique/

Psique, Galatea, Ariadna, Medea, estas heroínas antiguas tenían su recompensa y redención en la inmortalidad, Ariadna se casó con un dios y se hizo inmortal. Medea fue a vivir a los Campos Elíseos. Psique consiguió el perdón de Afrodita y se casó con Eros.  La redención de las niñas de los cuentos de hadas solo está en el príncipe que las saca de su sueño y las convierte en esposas y reinas, las demás, más feas, menos dulces, menos sensibles, son las hermanastras ruines y envidiosas de Cenicienta, o las hadas malas y madrastras.

A las niñas se las prepara para la llegada de la menstruación, que aparece en multitud de símbolos, las tres gotas de sangre que derrama la madre de Blancanieves en la nieve, la manzana roja, la sangre que mana del dedo de la Bella Durmiente, la rosa de la Bella y la Bestia, la caperuza roja de Caperucita.

Es interesante recordar antiguos rituales de menstruación en los se aislaba a las niñas colgándolas de árboles o de vigas para mantenerlas alzadas y sin tocar la tierra, pues se creía que tenían el poder de contaminarla.  O se las llevaba a cuevas y cabañas apartadas hasta que superaban la etapa de transición de la pubertad y podían volver al mundo para ser ofrecidas en matrimonio.

Los cuentos avisan a las niñas de la transformación que van a sufrir, de la pérdida de la inocencia y la separación de la familia para ir a vivir al mundo del esposo.

Biblioteca Nacional de los Países Bajos.  Ilustración publicada en 1868, edición holandesa de Caperucita Roja. Grabado por la impresora inglesa Kronheim & Co.

Se les avisa de los peligros de esa etapa en la que son presas fáciles de depredadores sexuales, así como de sus propios instintos sexuales, lo que puede conducirlas a la perdición e incluso a la muerte. Se les enseña a estar adormecidas, atontadas, ignorantes, a la espera de la siguiente transformación que las conduce al estado de mujeres adultas.

Se las prepara para ser flores de belleza efímera, objetos de codicia para los únicos a los que se les permite tener deseos carnales, los hombres, que revolotean alrededor de ellas y de los que deben saber guardarse hasta la llegada del hombre adecuado.

La belleza femenina aparece como manifestación externa de la bondad, lo que demuestra la infravaloración de la mujer, considerada vacía de inteligencia, de valores humanos y deseos. Representante del espíritu sólo por su pura belleza y susceptible de todo tipo de bajezas cuando la pierde.

En cuentos como Eros y Psique, la Bella y la Bestia, Cenicienta o Blancanieves, encontramos el amor como elemento de redención de jóvenes atrapadas en la confusión, la sumisión, la contradicción íntima y la duda. En el miedo y la angustia frente al despertar de su sexualidad y a la figura misteriosa del hombre, bestia o príncipe. Ellos poseen la fuerza sexual, ellas la belleza inocente, ellos el poder sobre el mundo material, ellas el de convertirse en reinas de esos espacios a cambio de aceptar el encierro y de no preguntar, de mantenerse ignorantes. Así vemos al hombre como dueño y señor que no tiene que dar explicaciones y cuando ella desea algo más, conocimiento, información, corre un grave peligro de muerte como en Barbazul, o de desprecio y repudio del amante, como en Eros y Psique, o de provocar la muerte de su amado, en La Bella y la Bestia.

Los protagonistas masculinos de los cuentos suelen ser pequeños héroes simplones, como en el cuento de las Tres plumas. Príncipes encantados por una bruja y convertidos en rana, cerdo o bestia, o muchachos nacidos de una madre humana y un padre animal, que después de superar duras pruebas y realizar importantes hazañas, consiguen equilibrar su parte animal y humana y alcanzar la recompensa de la hermosa princesa, que suele encontrarse encantada o encerrada. Los cuentos para niños son cuentos de héroes activos, aventureros y valientes, capaces de superar todo tipo de pruebas gracias a su inteligencia y astucia.

El Príncipe encantado suele ser convertido en rana u otro animal por una bruja mala y necesita ser salvado por una niña buena que no sienta repugnancia de él y le deje que coma en su mesa, se acueste en su cama y acepte besarlo, lo que hará que recupere su forma humana original.

En los Tres hermanos o las Tres plumas, un rey tiene tres hijos y no tiene claro a cuál de ellos entregar su reino por lo que les manda realizar diferentes pruebas: traer el mejor tapiz, el anillo más bello y como otro objeto más, la princesa más hermosa. En las tres pruebas gana el más pequeño, Sencillón, y en la última, que consiste en que las novias de cada uno salten dentro de un anillo suspendido en el aire, también gana la princesa que ha traído Sencillón, el cual ha sido ayudado por una enorme rana y sus ranitas que viven en el interior de la tierra.  Sencillón no tiene que hacer nada, ni siquiera viajar, ya que el pozo donde vive la rana se abre delante del palacio. No tiene que realizar ningún esfuerzo. En muchos cuentos a los niños se les exime de la responsabilidad de sus errores y salvajismo, pero las niñas son responsables de los males que sufren ellas y sus seres queridos, reciben el castigo y necesitan ser redimidas.

John Tenniel – Alicia con la duquesa. Ilustración de Alicia en el país de las maravillas.

En Peter Pan, el niño eterno, se avisa a los niños de la necesidad de madurar su sexualidad, de no quedarse en el eterno infante y crecer. En Pulgarcito o Garbancito, de los peligros que acechan en el mundo externo si se aventuran en él antes de haber llegado a la edad adecuada,  aún así se salvan gracias a su inteligencia y decisión. Pinocho es el niño desobediente que es atrapado en un mundo de vicios.

Los padres y muchos reyes de los cuentos aparecen como faltos de voluntad para ayudar a sus hijas y sobre todo ausentes, como en el caso de Blancanieves o La Cenicienta.

Conforme cambian las costumbres sociales encontramos cambios en los roles femeninos de los cuentos, como en Pipi Calzaslargas, la niña liberada y rebelde, o Alicia en el país de las maravillas, que  viaja más allá del espejo.

Entre las verdades que esconden los cuentos de hadas están los cambios reales que llegan con la pubertad y la necesidad de avisar a las niñas y niños de esos cambios y sus consecuencias. La necesidad de desarrollar sus habilidades, su intuición, su inteligencia, de aprender a tomar decisiones, de elegir. De asumir una gradual independencia y responsabilidad ante la vida. La aceptación de la soledad, de las dificultades, de la decepción, de la muerte, de los errores personales que a veces son la llave de la verdadera madurez.  De aprender a manejar los deseos o la vanidad.

Entre las mentiras  que esconden los cuentos de hadas y durante siglos han servido para manipular a niños y niñas, están las basadas en los roles de género que enseñan a las niñas a ser sumisas, obedientes, dulces, tiernas, frágiles, atontadas, inocentes, espontáneas, puras, virginales, teatrales en su imagen y apariencia, a no mostrar nunca sus verdaderos sentimientos. A utilizar sus habilidades para salvar a otros no para salvarse a sí mismas. Generosas y buenas siempre perdonan, aman sin importarles la apariencia de sus amados, aunque sean feos e incluso bestiales. Solo buscan la belleza interior, aman por compasión no por su propio deseo y satisfacción.

A pesar de las duras limitaciones que se les imponen, ellas aman incondicionalmente. En el caso de Bella, Bestia no la deja ir a ver a su padre y hermanas y la obliga a mantenerse recluida en el palacio. Cuando eligen, como Psique, Medea, Ariadna, tienen que sufrir el desprecio del elegido y que éste se aproveche de ellas y de su ayuda. No deben saber nada del sexo ni tener deseos sexuales. Tienen que ser extremadamente delicadas, frágiles, sensibles, como la princesa del guisante. Aceptar el aislamiento y el encierro para salvaguardar su virginidad y su fragilidad.

Las niñas deben sacrificarse por los demás sin rechistar, como Bella. Someterse a su destino, como Cenicienta. Aparecen como objetos de deseo e intercambio que deben atraer la atención de los varones y conseguir ser elegidas, salvando así su vida de las duras tareas de la limpieza, la preparación de alimentos, el cuidado de los demás y el mantenimiento del hogar, única alternativa para las que no llegan a ser elegidas o para las que no consiguen un buen partido.

 

 

No podemos olvidar que entre todos elaboramos “la inteligencia social”, de la que hablan José Antonio Marina y Mª Teresa Rodríguez de Castro en La Conspiración de las Lectoras. Y que ésta puede ser destructiva o constructiva, por lo que somos también responsables de los mensajes que alimentamos como cultura y construyen el futuro.

 

 

 

Desde luego no podemos escamotear a nuestros hijos el increíble legado cultural de los cuentos de hadas, pero puesto que son historias de transformación y llevan miles de años transformándose en su viaje por la tradición oral, podemos cambiar sus mensajes para liberarlos de los roles de género y convertirlos en experiencias de creatividad e imaginación.

 

Edward Burne-Jones, Cenicienta. Museo de Bellas Artes, Boston

   

 

2 Comments

  1. Fantástico artículo. Muy clarificador

  2. Gracias May!
    Eres una maestra!
    Muy buena reflexión sobre nuestra tradición de cuentos y su influencia en la personalidad individual y social.!

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