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LOS CÍRCULOS ENCANTADOS

Posted on 16/08/2018 by

Mandala significa círculo sagrado o círculo encantado en la cultura hindú, y en tibetano es Kyil Khor (Kyil: centro y Khor: círculo, periferia) que podría traducirse como: el centro de los alrededores.

Son dibujos circulares que representan la energía en la creación continua y aparecen en todas las culturas, porque contienen en su diseño los ciclos de la vida en nuestro planeta.

Los dos ciclos de rotación de la Tierra, sobre su eje en el día y alrededor del Sol en el año, con sus diferentes gradientes de luz y calor que se corresponden con las direcciones geográficas:

Este, por donde sale el Sol al amanecer, asociado a la primavera; Sur, donde el Sol llega a su cenit al mediodía, asociado al verano; Oeste, por donde se pone el Sol al atardecer, asociado al otoño; y Norte, asociado a la noche y al invierno.

Un círculo con un centro y una cruz de lados iguales.

 

Las coordenadas que han permitido la explosión de la vida en nuestro planeta, los ciclos de rotación de la Tierra asociados a los ciclos solares y los ciclos de la Luna con sus fases, que simbolizan las tres etapas del crecimiento.

La figura básica de las cuatro estaciones y las cuatro direcciones, la cruz cuadrada, se manifestó más compleja y se le añadió un aspa, cuando nuestros antepasados descubrieron los puntos de cruce entre unas etapas y otras, las fronteras del espacio y el tiempo, que nos llevó a la figura del octógono, con las cuatro direcciones asociadas al comienzo de cada estación, y las cuatro subdirecciones asociadas a los momentos centrales de las estaciones, los momentos de plenitud y por lo tanto de cambio.

Nacieron los calendarios, con sus marcas de tiempos y espacios sagrados, con los trece meses de las diferentes lunas que anunciaban la reproducción de los animales, el crecimiento de las plantas, el ciclo de las mareas. El Zodíaco, la rueda de los doce meses solares, con sus diferentes climas y actividades. Nació el más allá, el Tártaro, con los eclipses.

Suma de Cosmographía, Pedro de Medina (1493–1567)

El Triskel, con sus tres espirales, que simbolizan el crecimiento y se asocian a las tres fases de la Luna.

El pentágono, con la proporción áurea.

Y en el centro apareció el Yin/Yang, el símbolo del carácter andrógino de la energía, de la Madre. Dos espirales entrelazadas que generan las ocho fuerzas y sus infinitas combinaciones representadas en el I Chin.

Yin/Yang

Doble hélice ADN

Todas las danzas ancestrales representaban este ciclo espiral, porque al comprender el orden cíclico y expresarlo en nuestros cuerpos, despertábamos a la realidad, al secreto de la creación, a la danza cósmica, a la espiral infinita que crea planetas, estrellas y galaxias. Una espiral que mucho tiempo después, gracias a los microscopios, hemos descubierto en el ADN de nuestras células, el contenedor de la información genética.

Al sentirnos inmersos en los ciclos de la Madre energía, aprendimos a dialogar con ella y a conocer los de las plantas y animales que nos servían de alimento, a encontrar los lugares que nos servían de refugio, y los espacios mágicos, los ejes de cruce donde  Ella se sentía más presente, donde su sonido y su forma nos conmovían en lo profundo y nos recordaban nuestra unidad con todo.

De danzantes nos convertimos en constructores y comenzamos a intervenir y diseñar en los lugares sagrados y los poblados. El eje, el centro, el ombligo del mundo se convirtió en el punto de referencia para crear y desarrollar la vida; como nuestra columna vertebral, que nos mantenía erguidos, capaces de girar y observar las ocho direcciones; como el árbol del mundo, la piedra de bóveda, la columna central, el eje de la espiral.

Stonehenge.

Aprendimos a viajar de un estado a otro de conciencia, entre el sueño, el trance y la vigilia, y nuestra psique se fue expandiendo gracias a esos viajes por los diferentes estratos de percepción neuronal, igual que nuestra actividad se iba sincronizando con las diferentes luces del día.

Las construcciones, los bailes, los rituales, las diosas y dioses, los juegos, las comidas, los amores, los hijos, las ideas, las artes, los viajes, los sueños, todo está dentro de la vida espiral, dentro del ciclo, y crece gracias al Sol y la Luna.

Mientras el Sol señala en su ciclo el cuadrado y el aspa de las direcciones y climas, la Luna señala en sus fases las tres etapas de la vida a la muerte. Tres y cuatro, el ser que crece en el espacio/tiempo y gira en la espiral, en la energía.

Resultado de imagen de el secreto de la flor de oro

Carl G. Jung experimentó con el dibujo de mandalas y elaboró la idea de que son símbolos de la totalidad de la psique en sus dos aspectos, consciente e inconsciente.

“Pues, totalmente en concordancia con la concepción oriental, el símbolo mandálico no solo es expresión, sino que también tiene efecto. Reacciona sobre su autor. Antiquísimos efectos mágicos se asocian con ese símbolo, pues desciende originalmente del “círculo protector”, del “círculo encantado”, cuya magia se ha observado en innumerables usos populares”

Imagen relacionadaVasili Kandinski en su libro, De lo espiritual en el arte, escribió: “Todo objeto sin distinción, ya sea creado por la “naturaleza” o por la mano del hombre, es un ente con vida propia, de la que brotan inevitablemente efectos. El ser humano está constantemente expuesto a esas “irradiaciones psicológicas”, cuyos efectos permanecen en el “subconsciente” o pasan a la conciencia.”

Algunos círculos. Vasili Kandinski,1928

 

Los monjes tibetanos dibujan mandalas con arenas de colores; son utilizados en China e India como imágenes sagradas que aportan conexión y equilibrio; los indios Navajo dibujan figuras en el suelo para realizar sus rituales, sanar enfermos y lugares.

Ver enlace.

El tótem representaba el árbol del mundo, el centro de los alrededores, y los dólmenes y menhires se situaban en lugares especiales y se convertían en puntos de referencia en las comarcas.

Dibujos circulares aparecen en los campos de cereales, sobre todo en Inglaterra; sea cual sea su origen, no dejan de ser círculos encantados.

 

Muchos dibujamos mandalas en libros para colorear, en talleres de desarrollo personal, en terapias, al plantar las semillas en el ciclo de la Luna, en nuestros cuadernos de arte. Dibujar círculos nos pacifica y equilibra. A veces se convierten en ventanas al inconsciente, por donde asoman figuras y símbolos que nos recuerdan lo esencial. Quizás nos faltan los encuentros estacionales con sus danzas en círculo y buscamos recuperar el diálogo perdido o estamos a punto de dar un enorme salto en la espiral colectiva y necesitamos recuperar el centro.

Buscando el centro.

Dibujar mandalas nos calma y libera la intuición, la creatividad y la imaginación.

Como símbolos arquetípicos de creación tienen un enorme poder en nuestro inconsciente y así, al dejar nuestra mente en calma volar entre las formas y colores, nos abrazamos a la Tierra, al Sol y a la Luna y nos sincronizamos con la danza de la vida.

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3 Comments

  1. Genial como siempre 👏

  2. Mándalas:
    figuras geométricas organizadas en torno al centro que representan al universo, al todo, a la totalidad, a la unidad, dándonos sensación de armonía, calma, plenitud y completitud.

  3. Muy interesante ver la simbología de las diferentes figuras geométricas y su pasado ancestral. Siempre aportando claridad y recordándonos nuestros origenes. Gracias.

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