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LA DIOSA MADRE

Posted on 11/06/2019 by

«Escucha inicio la mañana como se inició el mundo. Un pensamiento y el mundo centellea. Entonces le hablo y el mundo se hace. Luego el movimiento, el mundo vive, todo se mueve, montañas, arena, cielo, maleza, pájaros… »   Un Chamán Navajo.

Durante el Paleolítico y parte del Neolítico la divinidad principal fue la naturaleza encarnada en la Diosa Madre que paría sin ayuda, por partenogénesis.

Su poder creativo se manifestaba en todos los órdenes, creaba todas las especies, modificaba el clima, hacía florecer las plantas, parir a las mujeres, diseñaba refugios, enseñaba a fabricar herramientas y de ella manaban todas las aguas.

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La Diosa Madre lo era todo, un árbol, una piedra, un río, un oso, un niño, el canto de todos los pájaros, el trueno, la lluvia, las olas, la tribu, el nacimiento y la muerte.

La Tierra y la Luna eran los dos aspectos de una misma Diosa. Como Luna era la señora del tiempo y anunciaba los ciclos. Como Tierra era recipiente y alimento de todos los seres. La Tierra y la Luna eran las dos mitades del huevo del mundo, espacio y tiempo, las coordenadas de la realidad.

Los ciclos menstruales de las mujeres se asociaban a la Diosa Tiempo, la Luna y sus fases. Los pechos y el útero de las mujeres se asociaban a la Diosa Espacio, la Tierra con sus cuevas y fuentes.

Más adelante, en el Neolítico, el misterio de los rituales agrícolas se centraba en la renovación periódica del mundo, el eterno retorno que reflejaba el ciclo de los cereales. Así nació una nueva percepción del tiempo como espiral cíclica en la que el espacio, la materia, se transformaba y emergía de la Gran Madre. Energía Una en continuo fluir. Como símbolo de esa unión del espacio/tiempo y eje de la espiral entre el cielo y la tierra, apareció el árbol sagrado, centro y eje del mundo.

Las representaciones más primitivas de la Diosa, una y dos a la vez, eran un cono o pilar de piedra, piedras sagradas como los trozos de meteoritos y más adelante los menhires o las tumbas de piedra en forma de montaña, como los dólmenes y megalitos. La diosa Madre se manifestaba en manantiales, fuentes, ríos y mares, y en montañas, cuevas y fértiles valles, o en las cañadas profundas de los cañones, donde la forma serpentina de sus aguas alimentaba la vida a su paso. Las piedras de la Luna eran a veces talladas en forma de media luna o redondas, como la luna llena, y se escogían piedras blancas o negras para representar sus fases de luz y oscuridad.

A veces era un pilar de madera o un árbol que se convertía en el árbol de la Luna asociado al poder del fuego, el fuego de la Luna que era encendido por el rayo. Es posible que nuestro árbol navideño sea una herencia de los árboles de la Luna.

En el bosque, en el árbol sagrado, dormía el fuego escondido hasta que una nueva herramienta, una varita mágica, supo hacerlo renacer. La Diosa era la llama que vivía en la madera y volvía a la vida gracias a los rituales del palo de fuego.

Las sacerdotisas de la diosa Luna tenían como misión mantener encendida la llama sagrada, que representaba la luz de la luna, y sus santuarios estaban normalmente en bosques, cerca de fuentes o de grutas de agua.

Las actividades se regían por los cambios de la Luna, un calendario cercano y cotidiano que se complementaba con el nuevo calendario agrícola regido por el ciclo solar. Así nació otro aspecto de la Diosa, el hijo de la Luna, el Niño Sol, que en su ciclo de nacimiento y muerte, entre el invierno y el verano, alimentaba con su luz las semillas en el vientre de la Madre. La Gran Madre, la Tierra, era fecundada por su propio hijo, la semilla que nace, crece, florece, da su fruto, muere y deja una nueva semilla que volverá a nacer en el siguiente ciclo.

Con el tiempo cíclico nació la historia, la necesidad de contar el tiempo pasado y los orígenes, y nacieron los calendarios que servían para organizar y planificar las futuras siembras. Nacieron los relatos poéticos, las metáforas de la vida y los mitos.

El aspecto más poderoso de la diosa era representado por una leona o una pantera, o por diosas montadas en un carro tirado por leones, como Cibeles. Su aspecto maternal era asociado a las vacas y toros, cuyos cuernos recordaban a los cuernos de la luna creciente.

La diosa era Sabiduría y enseñaba a los humanos a cultivar la tierra, a sembrar, recolectar y conservar la cosecha, a medir el tiempo y sus ciclos y organizar las danzas y fiestas que simbolizaban los cruces estacionales. Los animales que representaban ese aspecto de la diosa eran las aves, como las palomas, garzas y grullas.

El hijo o hija semilla de la diosa estaba representado por corderos, cabritillas, liebres y conejos.

La diosa Luna era la serpiente, que con sus cambios de piel se asociaba al renacimiento, la regeneración, la inmortalidad y la fuerza vital, el deseo que enlaza vitalidad y sexualidad.

Estas culturas neolíticas estaban localizadas entre el Tigris y el Éufrates en Mesopotamia; en Harappa y Mohenjo Daro en el valle del Indo; en la desembocadura del Nilo; en la Creta minoica; en Çatal Höyük en Anatolia. Según los restos arqueológicos hemos podido comprobar que llegaron a un alto desarrollo y que de pronto, alrededor de los años 2500 y 1100 a. C., de la Edad de Bronce a la Edad de Hierro, sufrieron un colapso que dio lugar a una época oscura en la que se extendió el pillaje y la violencia y en la que prácticamente desaparecieron.

No se sabe lo que ocurrió exactamente y lo más posible es que se asociaran diferentes elementos como desastres climáticos, terremotos, erupciones volcánicas y otras catástrofes naturales que terminaron aliándose a las invasiones y saqueos de pueblos más violetos y de carácter patriarcal que llegaron en oleadas desde las estepas del norte y centro de Europa y de zonas del norte de África, pueblos sobre todo ganaderos que sufrieron los cambios climáticos de fuertes sequías y procesos de desertización y se vieron obligados a emigrar.

Al salir de esa edad oscura nos encontramos con lo que hoy conocemos como la Grecia clásica, con sus filósofos y su nueva concepción del mundo, menos poética y más lógica, así como con los nuevos valores patriarcales y sus dioses y reyes guerreros.

 

La foto es de JoseMaría García Corral. 

Referencias bibliográficas: BIBLIOGRAFÍA DE LA GRULLA

  • CLAUDINE COHEN. LA MUJER DE LOS ORÍGENES. FEMINISMOS, EDICIONES CÁTEDRA.
  • ERIC H. CLINE. 1177 A.C. EL AÑO EN QUE LA CIVILIZACIÓN SE DERRUMBÓ. CRÍTICA EDIT.
  • ESTHER HARDING. LOS MISTERIOS DE LA MUJER. EDICIONES OBELISCO.
  • GERDA LERNER. LA CREACIÓN DEL PATRIARCADO. KATAKRAK.
  • JUAN LUIS ARSUAGA. LA ESPECIE ELEGIDA Y EL PRIMER VIAJE DE NUESTRA VIDA. TEMAS DE HOY. EL SELLO INDELEBLE, CON MANUEL MARTÍN – LOECHES. DEBOLSILLO. AL OTRO LADO DE LA NIEBLA, NOVELA. EDITORIAL SUMA.
  • KERÉNYI, K. JUNG, C. G. INTRODUCCIÓN A LA ESENCIA DE LA MITOLOGÍAEL MITO DEL NIÑO DIVINO Y LOS MISTERIOS ELEUSINOS. SIRUELA.
  • MARIJA GIMBUTAS. EL LENGUAJE DE LA DIOSA. GEA EDITORIAL. DIOSES Y DIOSAS DE LA VIEJA EUROPASIRUELA.
  • RIANE EISLER. EL CÁLIZ Y LA ESPADA. CUATRO VIENTOS.
  • ROBERT GRAVES. LA DIOSA BLANCA. ALIANZA EDITORIAL.
  • STEVE TAYLOR. LA CAÍDA. EDICIONES LA LLAVE.
  • WILLIAMS DAVID LEWIS Y DAVID PEARCE. LA MENTE EN LA CAVERNA. DENTRO DE LA MENTE NEOLÍTICA. AKAL.
  • ANNE BARING Y JULES CASHFORD. EL MITO DE LA DIOSA: EVOLUCIÓN DE UNA IMAGEN. SIRUELA.
  • CAMPILLO ÁLVAREZ, J.E. LA CADERA DE EVA. BOOKET. Y HOMO CLIMATICUS – EL CLIMA NOS HIZO HUMANOS. CRÍTICA.

2 Comments

  1. Como siempre, deliciosa síntesis de nuestra procedencia y evolución.

  2. Gracias May. Diosa Grulla contadora de historias, guardiana de la memoria y de los ritmos de la Tierra🕸

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