Libros Mitos y arquetipos

EROS Y PSIQUE

Comentario sobre el cuento: Eros y Psique, de Apuleyo.

En El Asno de Oro de Apuleyo (s.II d.C.), Lucio, el protagonista, al interesarse por la magia se ve convertido en asno y después de una serie de aventuras, experimenta una transformación y es iniciado en los misterios de Isis y Osiris. En medio del cuento y en una  situación precaria en la que ha sido raptado por unos ladrones, una anciana mujer, con la intención de calmar a otra joven que ha sido raptada, les relata la historia de Eros y Psique.

Psique era una muchacha tan bella que despertó los celos de Venus y el miedo de sus posibles pretendientes. Ante el conflicto que suponía la excesiva belleza de Psique, Apolo propuso a sus padres que la dejaran sobre una montaña donde sería entregada a un monstruo, pero cuando Eros, que había sido encargado de inflamar el amor entre Psique y el monstruo, se hirió en un descuido con sus propias flechas, se enamoró de Psique y se la llevó a su palacio. Eros y Psique se entregaron a su amor en secreto con una condición, ella nunca podría verle la cara. Como su palacio era un lugar mágico, manos invisibles atendían todas las necesidades y proveían de manjares y bebidas de forma que Psique sólo tenía que entregarse a la contemplación y el disfrute de sus encuentros con Eros.

psyche-william-waterhouse
Psique abriendo la puerta al jardín de Cupido, John William Waterhouse, 1904

Un día, Eros aceptó que fuera visitada por sus hermanas que, al ver la idílica vida de Psique, se llenaron de envidia y antes de marcharse la dejaron llena de dudas sobre la posible monstruosidad de su amado. Psique se dejó  convencer por sus hermanas y decidió descubrir la cara de Eros, así que por la noche, mientras él dormía, encendió una lámpara. Psique pudo apreciar que su amado era un hermoso joven, pero una gota del aceite hirviendo  cayó sobre el cuerpo de Eros, que al descubrir la traición la expulsó de su palacio. Psique, sola y desesperada, además de embarazada de Eros, decidió acudir al palacio de Venus a pedirle ayuda. La diosa aceptó ayudar a Psique, pero a cambio la sometió a  pruebas muy duras. En la última prueba Psique cayó en un profundo sueño del que fue salvada por Eros que la llevó al Olimpo, donde se casaron y nació su hija Hedoné (Gozo o Placer).

Esta  historia alimentará con el tiempo cuentos como la Bella y la Bestia, la Cenicienta, La Bella Durmiente o Blancanieves y perpetuará así su carácter iniciático en diferentes niveles: la necesidad de integrarse y ser aceptado, el amor en sus diferentes facetas, pero sobre todo nos interesa el que trata sobre el aprendizaje de la madurez, sobre la unificación y la individuación de la psique interna, sobre el gozo y el placer de ser uno mismo.

Eros

En los mitos órficos Eros era Fanes, el primer ser nacido del huevo cósmico, una divinidad andrógina que dio nacimiento al tiempo y a todos los seres, un ser único y completo en sí mismo. Más adelante, en la época de los dioses olímpicos, Eros era hijo de Ares y Afrodita y representaba el poder de atracción y seducción. Entonces perdió su unidad primordial y se convirtió en ese niño de aspecto inocente  que juega con sus flechas a herir corazones.

Eros es otro aspecto de Hermes/Mercurio, que como intermediario entre los niveles internos y externos de la psique conduce a las profundidades del sí mismo, donde tiene la oportunidad de reconocerse como ser único, eliminar agregados mentales y emocionales y crear su individualidad única y consciente. Eros obliga a despertar, después de su sueño de color rosa, y percibir otras versiones de la realidad; obliga a descubrir aspectos desconocidos de nuestra realidad íntima y ayuda a reconocer esos sentimientos de carencia que nos llevan a buscar fuera lo que en realidad siempre está dentro.

Psique

Psique representa la psique, llamada alma en algunas versiones, que atrapada en las flechas de la pasión inicia su camino de autodescubrimiento e iniciación que la llevará a revelar su verdadera esencia, su ser real más allá de la arrogancia, del orgullo y de los diferentes personajes creados por su ego. El fuego de la pasión se convierte en la llave mágica que inicia el camino hacia el matrimonio místico, el hieros gamos, la unión de los opuestos internos y la creación del ser completo. No siempre la pasión se nos despierta por otro ser humano, muchas veces es un anhelo poético o místico, un sueño, una vocación, un proyecto, la inquieta curiosidad, el viaje, el deseo de investigar y desvelar secretos.

El cuento de Eros y Psique nos describe el estado idílico de los comienzos, en el que el ser amado, el nuevo hijo, el proyecto, la vocación, el viaje, es excitante y maravilloso. Continúa con el descenso a los infiernos que supone el descubrimiento de la realidad, de lo cotidiano de esa aventura, de esa creación, de la persona que amamos, de la idea, el proyecto, de aquello en lo que habíamos puesto toda nuestra ilusión. Es Psique quien desvela el aspecto real de la vida cotidiana, ese aspecto en el que los miedos, la desconfianza, la impaciencia, la confusión, el orgullo y el deseo sabotean nuestra pasión, pero ¿no es eso lo que esconde cualquier pasión? El deseo de conocer, de saber, de no aceptar las normas, las imposiciones externas aunque lo sean en aras del más grande amor o de las mayores riquezas y comodidades. Cuando reprimimos nuestros deseos de conocer y comprender, reprimimos la esencia misma de nuestra psique/alma, porque nuestra psique nos pide Ser más allá de cuentos y engaños, y Ser nace de un viaje iniciático, de una búsqueda de conocimiento y de una transformación.

Ambos aspectos internos, Eros y Psique, tienen que superar la prueba que supone madurar. Psique como el alma, el ánima,  tiene que descubrirse, reconocerse, valorarse y tomar sus propias decisiones. Eros como el espíritu, como el impulso creador, el ánimus, tiene que romper las dependencias con su origen y cultura, con las tradiciones, y aceptar ser quien es, libre e independiente para elegir y crear su propia vida.

Las hermanas murmuradoras representan esas parcelas de nuestra psique que nos acucian de dudas e inquietud ante cualquier experiencia que nos apasiona. Antes o después, en cualquier situación, la realidad se impone y el acto creativo reclama realidad y responsabilidad, esfuerzo y continuidad, compromiso y conciencia. Reclama su tiempo para descubrirse, ser investigado, experimentado y lanzado hasta sus últimas consecuencias para poder alcanzar la realización que esconde.

Las pruebas de Psique

Como nos cuenta  Marie – Louise von Franz en El Asno de Oro –Interpretación de un Cuento: «Podemos interpretar a Psique como una figura de la psique colectiva.» Desde esa perspectiva, nos propone ver en cada prueba las actividades necesarias de cualquier proceso de maduración. Entre las  pruebas que le impone Venus a Psique, en la primera tiene que  separar los diferentes granos de un montón en el que están todos mezclados y en esta tarea  la ayudan las hormigas. Ordenar el grano es metáfora de ordenar la confusión interior. Es necesario descubrir los propios valores y sentimientos para poder elegir lo que es válido para nosotros de lo que no lo es y en este proceso no nos sirve sólo la lógica, es fundamental el sentimiento porque así podremos elegir lo que realmente nos es afín, lo que está en sintonía con nuestro sentimiento y razón. La función del inconsciente, aunque parezca caótico y desordenado, es también ordenar el desorden, solo hay que darle tiempo. Esa es la función del sueño, de la meditación, del reposo y la convalecencia, del silencio. Es esencial la lealtad, la confianza y la fidelidad interna para dejar que esa parte del inconsciente actúe y restaure el orden interno.

En la siguiente prueba Psique tiene que ir a un bosque donde pacen rebaños de ovejas doradas y llevar a Venus un copo de su lana. Psique ve imposible realizar la prueba y piensa que lo mejor es tirarse al agua y acabar con todo, pero un junco de la orilla le pide que no lo haga y le aconseja sobre la mejor forma de acercarse a las ovejas para que no la ataquen y poder recoger así la lana. El junco representa la sabiduría del instinto, esa intuición innata que nace en el inconsciente. Psique tiene que esperar a que caiga el sol, ya que el sol excita a los carneros. Esta escena nos recuerda que de una fuerte emoción podemos obtener una revelación y un aprendizaje siempre que sepamos esperar a que se pase la excitación y la intensidad inicial.

En la tercera prueba Venus le da un vaso y la envía a recoger las aguas que nacen de una fuente guardada por terribles dragones en una alta montaña. Cuando Psique llega al lugar queda bloqueada ante la tremenda tarea, pero en ese momento aparece el águila real de Júpiter, que  recoge el agua para ella. El águila simboliza la luz, la claridad de la mente que despeja la oscuridad, la consciencia. Como ave de Júpiter simboliza la tormenta y el rayo que ilumina la oscuridad, la revelación y la comprensión súbita. El águila ve desde arriba todo el paisaje y Psique aprende a alejarse y elevarse para ver con más claridad las situaciones.

Venus, cada vez más enfadada por lo éxitos de Psique, la manda al infierno a pedirle a Proserpina (Perséfone), que ponga en una cajita una parte de su belleza. Psique está agotada y decide quitarse la vida tirándose desde una torre, pero la torre la convence para que no se tire y le explica la mejor forma de entrar en el Tártaro y volver a salir. Se trata de llevar dos bolas de harina cubiertas de vino mezclado con miel, una en cada mano, y dos monedas en la boca. Le recomienda no parar cuando vea a un asno cojo y un hombre también cojo que le pedirán ayuda, deberá seguir sin hacerles caso y llegar al río de los muertos, donde Caronte la cruzará con su barca a cambio de una de las monedas que lleva en la boca. Le aconseja no ayudar a un viejo que le pedirá subir a la barca. Al llegar al otro lado, encontrará unas tejedoras que le pedirán también ayuda y a las que tampoco debe hacer caso, porque no debe hacer nada para que no se le caigan las bolas de harina que lleva en cada mano y que le servirán para pasar delante del terrible perro de tres cabezas que protege las puertas del Tártaro. Cuando llegue, Proserpina la recibirá amable y pondrá en su cajita lo que le ha pedido Venus, un trozo de su belleza, pero le aconseja no comer nada más que un trozo de pan común de entre los manjares que Proserpina le ofrezca. Luego podrá salir del Tártaro dando al perro la otra bola de harina  y a Caronte la otra moneda para que le cruce el río. Y sobre todo, la torre le aconseja no abrir la cajita. Psique realiza todo lo que la torre le ha dicho pero cuando sale del Tártaro cae en la tentación de abrir la cajita y utilizar el secreto de belleza que tiene dentro, “desde luego soy tonta llevando esta belleza divina de la que no puedo extraer siquiera una ínfima parte. Así podría yo complacer a mi amante tan apuesto.” Eros y Psique- Apuleyo en Atalanta.

Psique abre la cajita y en ese instante cae en un profundo sueño. Mientras, Eros se ha recuperado de la quemadura del aceite caliente, escapa de la habitación donde lo tiene encerrado su madre, vuela hasta donde está Psique y la despierta con un beso. Más tarde pide a Zeus poder casarse con Psique y de esta forma ella entra a formar parte del mundo de los inmortales.

Hemos visto que Psique, en su viaje al Tártaro, ha aprendido a tener claras sus metas y a no distraerse de su camino al enredarse en los caminos de los demás. A no perder lo que tiene entre las manos, las dos bolas de harina, ni en la boca, las monedas, que son fundamentales para abrirle las puertas. Por eso no se entretiene en otras actividades y tampoco se detiene en placeres que no le corresponden, pero cuando ha superado todas las tentaciones que pueden desviarla de su camino y ha alcanzado su meta, vuelve a cometer el mismo error del principio y cae otra vez en la tentación de la curiosidad, ahora alimentada por el deseo de obtener la misma belleza de las diosas. Y como en la mayoría de los cuentos, su desobediencia se transforma en la félix culpa, el error que ayuda a reconocerse y aceptarse, a la redención del perdón y al beso, que simboliza el soplo unificador de  la consciencia.

Dice Antonio Betancor en su epílogo del libro: Eros y Psique de Apuleyo, editado por Atalanta:

 «…Parece inevitable suponer que Apuleyo tuviera presente, a la hora de componer su novela,  la concepción platónica de un alma inmortal  aprisionada en un cuerpo animal… El alma (psique) es, en el mito platónico, un ser inmortal que pierde, en el momento de su encarnación humana, su coordinación con los poderes del universo. Al identificarse con su cuerpo mortal se exilia de su naturaleza originaria, de sí misma  y de su innata comunión con lo creado “pierde sus alas”, se dice en el Fedro de Platón.» 

Pero esta visión platónica supone aceptar esa división, esa ruptura interna como una realidad inevitable. Una idea de la que podemos despegarnos si reconocemos la creatividad y la intuición innata, si avanzamos hacia nuestras metas, aceptando el esfuerzo y el compromiso, y dejamos a los platónicos que sigan soñando con lejanos cielos, que el telescopio Hubble ya ha desvelado, y nos unimos por dentro con todas las facetas de nuestro ser y en el abrazo y el beso internos. Ya lo dijo William Schakespeare en boca de Hamlet: Be or not to be, that is the question, ser o no ser, esa es la cuestión. Se trata de entregarse a la propia pasión del descubrimiento. De confiar y dejar que en el silencio del sueño o la meditación se ordene el caos, la confusión de las experiencias acumuladas, con sus dudas e inquietudes, y así se separe el grano de la paja, lo importante de lo insignificante. De esperar con paciencia a que pase la intensidad emocional, que puede llevarnos a actuar de forma impulsiva y equivocada. De elevarse sobre las situaciones para verlas con perspectiva. De aprender a identificar las propias metas. De no enredarse en metas y necesidades ajenas que nos alejan de las propias y nos roban energía. De no infravalorar y desperdiciar nuestras habilidades. De valorar los bienes y herramientas que nos ayudan a alcanzar nuestro propósito. De no desviarnos por entretenernos en placeres que no nos corresponden. De mantenernos centrados y concentrados en nuestro objetivo. De reconocer, perdonar y aceptar nuestros propios errores, recuperar la ilusión y descubrir las recompensas que corresponden a nuestro camino elegido. De valorar el aprendizaje y la madurez que hemos alcanzado al recorrerlo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.