EL CIELO ES AZUL, LA TIERRA BLANCA

Mujeres escritoras del período Heian

El amor es algo sutil, como leer una poesía del período Heian, el waka de una de las muchas escritoras de largas cabelleras, envueltas en montañas de kimonos con sus mesas de caligrafía delante. Estampas japonesas.

El sentimiento volaba con el pincel sobre el papel de fibras, y dejaba en él un instante para la eternidad. Esa era la idea, sutil y refinada, trasmitir la esencia del ser, hacer llegar todo el sentimiento y el carácter.

En esa exquisita corte del periodo Heian, no se veían demasiado las caras ni las miradas; los cabellos, los kimonos de seda, los biombos y las telas colgantes, envolvían en sombras el cuerpo femenino, y los juegos de seducción saltaban de poema en poema, tocando con finura los corazones.

El delicado matiz de un instante,  el recuerdo de un roce entre la seda, la lluvia sobre las hojas al atardecer… El mismo amor en infinitos sonidos y formas.

La maravilla de los cantos poéticos, que en su origen eran cantados de forma ritual por las kataribe, las recitadoras de historias, y que un día pasaron a construir los trazos de los kana, la escritura libre y espontánea utilizada por las mujeres, y que creció al margen de la seriedad de los kanji.

Murasaki Shikibu y el príncipe Genji

Las mujeres escritoras del periodo Heian (794-1185), florecieron entre sus juegos de luces y sombras, y nos dejaron momentos mágicos de la literatura, como Genji Monogatari, La novela de Genji, de Murasaki Shikibu.

Murasaki Shikibu
Murasaki Shikibu

La historia de Genji es la primera novela psicológica en la historia de la humanidad. Trata de las aventuras amorosas del príncipe Genji y de dos de sus descendientes, su hijo Kaoru y su nieto Niou.

Genji, a pesar de sus muchos defectos, era el ideal de hombre elegante que sabía enamorar a las mujeres y asumir sus compromisos con ellas. Murasaki nos habla de los celos, de la soledad, del amor, de los encuentros y desencuentros detrás o delante de las persianas y cortinas. Del cambio de las estaciones y la belleza sutil de un mundo efímero y lleno de sentimientos.

Fragmento de Genji Monogatari.
Fragmento de Genji Monogatari.

“Su Majestad había escrito: Tú, cuyo jardín aguarda tu deseo de recibir la primavera, contempla al menos estas hojas otoñales de mi hogar que te ha traído el viento.

… Como respuesta su señora extendió musgo sobre la tapa de una caja, salpicó el musgo de guijarros que parecían rocas y colocó allí una rama de pino blanco, a la que ató este mensaje: Son menudencias, hojas caídas desperdigadas por el viento: quisiera que vieses en el pino aferrado a la roca el color más puro de la primavera.”

Fragmento de: La historia de Genji. Murasaki Shikibu – Atalanta Editorial.

Sueños y ensoñaciones de una dama de Heian, de Dama Sarashina

«Era como si contemplara el rostro de una luna mojada por las lágrimas. Emocionada, compuse este poema mientras volvía a casa:

Acaba el año y rompe el día.
¡Oh efímeros rayos de luna que al alba vacilante
veo reflejados en mis mangas!«

Fragmento de: Sueños y ensoñaciones de una dama de Heian. Dama Sarashina – Ars Brevis – Atalanta Editorial

Un relato de recuerdos lleno de sensibilidad y poesía, escrito por Sarashina, una de aquellas damas de Heian, nacida en el año 1008.

El cielo es azul, la tierra blanca, de Hiromi Kawakami

Como Murasaki, Hiromi Kawakami nos habla del amor y de la soledad sin dejar esa sutil  forma que nos atrae, impregnada de mono no aware, la dulce melancolía de lo efímero.

La protagonista de su deliciosa novela, El cielo es azul, la tierra blanca, Tsukiko, se siente sola. Quiere amar y ser amada, pero su sensibilidad diferente la aísla de los lugares comunes. Heredera de aquellas damas de Heian, que vivían enredadas en su mundo de sombras, camina sonámbula, impaciente por encontrar la salida de una adolescencia que se alarga demasiado.

En uno de sus paseos solitarios encuentra a su antiguo profesor de japonés. Desde ese momento su relación se desgrana lentamente, desvelándonos la fragilidad de dos corazones que se descubren el uno al otro. Mono no aware. El maestro es serio, Tsukiko está seria, y ambos se enlazan en una seriedad nada lúgubre, comedida, centrada en el presente, en los silencios, en saborear sus bebidas y aperitivos, en la contemplación y el sonido de la naturaleza y sus estaciones.

El ritmo acompasado que crece entre ellos, basado en encuentros no programados. La danza de sus cuerpos, que siempre confluye en la taberna de Satoru. Belleza sutil que roza con cuidado el realismo mágico.

El cielo es azul, la tierra blanca, de Hiromi Kawakami, es un regalo que nos reconcilia con la posibilidad de amar y de ser amados como seres únicos, que de vez en cuando tienen la suerte de encontrarse.

También te podría gustar...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.