Libros Mitos y arquetipos

DONDE NACEN LOS CUENTOS

Los mitos, los cuentos y los sueños tienen todos algo en común, ocurren en un espacio diferente al de la realidad cotidiana, en el que los héroes vuelan, las princesas se duermen durante cien años, las hadas, brujas y duendes conviven con los humanos, los animales hablan y ocurre todo tipo de cosas maravillosas en un tiempo mágico.

Sueños, cuentos y mitos pertenecen a esa dimensión que C. G. Jung llamó Inconsciente Colectivo. Ese lugar oceánico que contiene la memoria de todos, donde se guardan los misterios y en el que habitan los arquetipos.

Muchos mitos antiguos han llegado hasta nuestros días escondidos en los cuentos de hadas. En sus relatos han ido transformándose para mantener vivo el lenguaje mágico de sus símbolos.

Dionisos

Uno de los príncipes de nuestra historia es Dionisos, nacido de Zeus, el rey de los dioses, y de Sémele, una de sus amantes. Hera, la esposa de Zeus, ordenó a los Titanes que descuartizaran al niño, pero Zeus pudo restaurarlo a la vida porque, aunque los titanes habían devorado su cuerpo, quedaba su corazón, que aún palpitaba. Así Dionisos fue renacido, como la semilla de la vid o el cereal, relato fundamental de los antiguos rituales agrícolas, en los que se celebraba la muerte y resurrección de la vegetación en el ciclo anual.

Dionisos se relacionaba con el cultivo de la vid y la elaboración del vino, y era acompañado en sus rituales por Ninfas, Sátiros y Silenos, que aparecerán más adelante en los cuentos disfrazados de hadas, brujas y gnomos. Las Ninfas estaban asociadas a diferentes manifestaciones de la vitalidad de la naturaleza, a las aguas de los océanos, a los ríos, a las fuentes y manantiales; a los bosques, los árboles, las praderas y las cuevas, y se convertirán en las hadas de los cuentos. Los Sátiros se asociaban a las manifestaciones más salvajes de la naturaleza, con cuernos, orejas y patas de cabra, participaban en las bacanales junto a las Ménades, que veremos más adelante convertidas en brujas. Este grupo de seres, disfrazados según las diferentes épocas, aparecen en los cuentos para ayudar o entorpecer el camino de sus héroes y heroínas.

Ariadna

La princesa del cuento es Ariadna, que era hija de los reyes de Creta, Minos y Pasifae. Su historia cuenta que Neptuno, el dios de los océanos, había regalado a Minos un hermoso toro blanco para que le fuera sacrificado, pero el rey, que vio en el toro un magnifico semental para su manadas, decidió no cumplir el mandato de Neptuno, así que el dios decidió castigarlo incitando en Pasifae un loco deseo por el animal. Si Minos lo quería como semental lo tendría de la peor forma imaginable. Como tal unión era imposible en las condiciones normales, Pasifae pidió ayuda a Dédalo, el ingeniero y constructor del palacio, que diseñó una vaca de madera en la que Pasifae se introdujo y pudo así unirse con el toro. De esta unión nació el Minotauro, un ser con cuerpo de hombre y cabeza de toro, que solo se alimentaba de carne humana. Para esconder su pecado, Minos mandó a Dédalo que construyera un laberinto en el que encerrar al Minotauro.

Sometida por el poder de Creta, Atenas tenía que enviar cada año  una ofrenda de jóvenes y doncellas para el Minotauro. Teseo, uno de los príncipes de Atenas, aspiraba a convertirse en un héroe y decidió acompañar al grupo para matar al monstruo. Una vez en Creta y durante las celebraciones y danzas previas al sacrificio, Ariadna se enamoró de él y le ofreció un carrete de hilo, que le permitiría salir del laberinto después de acabar con el Minotauro, y a cambio pidió a Teseo que la llevara con él a Atenas.                                                  Teseo sale triunfante del laberinto y embarca con Ariadna. En la isla de Naxos atracan para repostar sus naves y Ariadna se queda dormida en la playa. Teseo, que en realidad no está interesado en casarse con ella, aprovecha la ocasión para dejarla abandonada. Allí la encontrará Dionisos, que se enamora de ella y la rescata, casándose con ella y llevándola al cielo convertida en la constelación de la Corona Boreal.                                                    La antigua diosa, la Señora del Laberinto, Ariadna, es rescatada por el antiguo dios de la vegetación, asociado al toro, que ha conseguido vencer su naturaleza salvaje y volver a nacer. Ambos se elevan juntos al cielo, donde fraguan cuentos en los que esconderse del nuevo paradigma encarnado en Teseo, con sus nuevos dioses patriarcales y guerreros.
Ariadna y su madeja de hilo, las Tres Moiras, las sabias tejedoras y Hékate, la Señora de las Encrucijadas, aparecerán  en los cuentos  disfrazadas de hadas, brujas y princesas.
Ariadna se convertirá en La Bella Durmiente, condenada por una bruja a caer dormida durante cien años al clavarse la astilla de un huso de hilar. Enredada en su propio carrete de hilo, olvidada de sí misma, caerá en un profundo sueño rodeada por una espesa madeja de espinos, que crecerán a su alrededor para proteger el espacio y el tiempo mágico de la diosa.
Solo el beso verdadero, el amor incondicional, el reconocimiento sin intereses ni conveniencias sociales, el sentimiento real y sincero, la honestidad del corazón, Dionisos encarnado en el príncipe, podrá atravesar la red, encontrar a la princesa y despertarla de su sueño.

Las tres Moiras

Las tres Moiras eran las tres hilanderas que tejían los destinos de los humanos, Cloto presidía los nacimientos, Láquesis lanzaba los hilos de las relaciones humanas, y Átropos cortaba el hilo en la hora de la muerte. Las tres aparecen en los cuentos como las tres hadas hilanderas. El número tres representa a la Luna, el aspecto celeste de la Diosa Madre en las culturas neolíticas, que en sus tres fases visibles era asociada a las tres edades de la mujer y a los ciclos de fertilidad de la naturaleza. La Luna Nueva era la joven doncella y el color blanco, la Luna Llena era la madre y el color rojo, y la Luna Menguante era la anciana sabia y el color negro. Las tres fases aparecen en los colores de Blancanieves, niña tan blanca como la nieve, de labios tan rojos como la sangre y de cabello tan negro como el ébano. También encontramos a la buena de Hékate convertida en la malvada hechicera y madrastra de Blancanieves, que no tiene reparos en encargar la muerte de la niña y en pedir que le traigan su corazón para comérselo, y que más adelante aparecerá en la puerta de la cabaña de los enanitos con tres tentaciones envenenadas para la niña, que por otra parte caerá en todas sus trampas. En dos será salvada por los enanitos pero en la última, la de la manzana roja, un símbolo de iniciación sexual, sólo podrá ser salvada por el príncipe, que la encuentra ya convertida en Bella Durmiente. Ariadna otra vez en su laberinto.

Los Enanos de Blancanieves son genios de la tierra, extraen sus tesoros en las minas y viven en lo profundo del bosque. Son los aliados de la diosa naturaleza y acompañan a la joven doncella en el cruce entre la vida y la muerte, entre la infancia y la adolescencia. Encarnan a Hermes, el dios de las sandalias aladas que acompañaba a los humanos en las encrucijadas de la vida.

Perséfone

Otra Bella será Perséfone, la hermosa hija de Deméter, la diosa de los cereales y la naturaleza. Perséfone fue raptada por Hades, la Bestia, el dios del inframundo. Una profunda tristeza se apoderó de su madre Deméter, que cubrió la tierra con un manto de hielo mientras Perséfone en el Tártaro se comía los granos de una granada, símbolo de iniciación sexual, y se enamoraba de Hades.
Para restaurar el equilibrio, Zeus pactó un acuerdo por el que Perséfone pasaría una parte del año con su madre en la tierra y otra parte con Hades en el Tártaro, representando así los ciclos de la naturaleza.
Según Karl Kerenyi, podemos ver el laberinto como un símbolo del inframundo y a la señora del laberinto, Ariadna, como una versión de Perséfone, la diosa del Tártaro.
Ariadna, la purísima, reinaba en el mundo subterráneo, y como Aridela, la clarísima, reinaba en el cielo convertida en corona de estrellas.
La triple diosa, la Luna, que viaja cada mes de la luz a la oscuridad y de la oscuridad a la luz, en su ciclo continuo de muerte y renacimiento, con su amante el toro Dionisos, el toro enamorado de la Luna, que con su abrazo la rescata del sueño en la oscuridad y la empuja en su ascenso a las estrellas.

El teatro nació en aquellos rituales poéticos, que relataban en sus cantos y danzas los misterios de la naturaleza, del sexo, de la muerte, de los ciclos y la transformación. Así nació también la literatura, el cine y las series que nos enganchan, porque en ellas, como en los cuentos, laten esos personajes que reflejan nuestra experiencia vital. Personajes míticos que se entrelazan y transforman en el misterio infinito, interrogándose, triunfando o fracasando frente a una realidad implacable.

5 thoughts on “DONDE NACEN LOS CUENTOS

  1. Cada una de las palabras de este relato abren mágicamente puertas profundas y secretas en los rincones de mi psique y de mi corazón y me inspiran a sumergirme como un espeleologo en mis grutas más profundas donde La Luz …… es de otra naturaleza . Gracias May??

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