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Venus

Posted on 07/04/2016 by

El segundo planeta del sistema solar tiene un diámetro, masa y densidad parecidos a los de la Tierra pero está sometido a altas temperaturas que pueden llegar a superar los 460ºC.

Es el más brillante de nuestro cielo y era llamado por los antiguos Estrella del alba o Lucero Matutino cuando podía verse poco antes de salir el Sol, al amanecer, y Véspero o Lucero Vespertino cuando aparecía poco después de ponerse el Sol, al anochecer.

Su período sidéreo es de 224,7 días.

Sinónimo de luz, claridad, belleza y sensualidad, es el arquetipo que simbolizaban aquellas diosas prehistóricas de grandes pechos y nalgas que eran a la vez vida y belleza, y deseo de vivir, de crecer, de crear. Es la fertilidad, el alimento y la creación continua de la madre andrógina, de la energía en continua creación y transformación.

Las Venus de la Vida que recorren nuestro pasado ancestral surgían de la piedra pulida para recordarnos que era posible amanecer, como la mañana, y crecer y crear, y disfrutar de estar vivos hasta que la Madre Eterna decidiera llamarnos a su vientre en el ciclo infinito que el Sol y la Luna reproducen en el cielo, y que podemos sentir en cada ser.

Venus es la Vida que se manifiesta como tal cuando es apreciada, acariciada en la piedra, en la piel, en la flor, en el roce de la brisa al atardecer, en las nubes de polen inundando la primavera.

En el mundo griego volvió a nacer como Aphrodita Urania, de la unión del esperma de Urano con la espuma del mar. La diosa ancestral nacía así para el nuevo orden patriarcal como diosa marina acompañada de conchas y perlas, del rumor de las olas, de la suave arena de sus orillas, del perfume del mirto, símbolo de Vida, como la rosa, el granado o la manzana, con su corte de cisnes y palomas. Pero Afrodita nació de la espuma como mujer adulta porque era tan vieja como la Nammu sumeria, el océano primordial del que nacieron todos los seres, o Inanna, la diosa Lucero, llamada también Isthar, Anat, Anahit, Asera, Astarté, Tanit, la de muchos nombres, “Señora de todas las esencias, llena de luz…” Cantada por Enheduana hace 4300 años. Era la fuente, la madre del Eros primordial, el soplo de atracción que puso todo en movimiento y se manifiesta en la fuerza electromagnética que entrelaza átomos y elementos entre sí.

La nueva Afrodita griega fue llevaba por el viento Céfiro a la isla de Chipre donde la recibieron las Horas, Talo = tallo o retoño, Auxo = crecer y Carpo = fruto, otra manifestación de la triple diosa, la que tiene la llave de la vida en sus ciclos, la que trae los seres al tiempo y a la Vida.

Zeus, el recién estrenado patriarca de los dioses, la casó con el feo Hefesto, el dios de la fragua, en un acto de dominio y desprecio, quizás de celos, porque Zeus – Júpiter es el otro lucero, a veces tan brillante como Venus cuando se asoma al ponerse o al salir el Sol. Pero Venus no se tomó demasiado en serio el humor de Zeus y tuvo variados amantes en los que sus antiguos atributos como energía única y completa se verán representados.

Ares ‑ Marte, con el que tuvo a Eros en su nuevo aspecto patriarcal, el Amor que inflama corazones y que en Roma se convirtió en Cupido, el niño alado con una venda en los ojos y sus flechas ardientes. Así perdimos el contacto con el misterio de la energía en continua transformación y convertimos algunas de sus más bellas manifestaciones en mera ceguera.

En realidad Ares y Afrodita son los dos polos de la misma diosa ancestral, la diosa andrógina, la energía única, y Eros es la chispa electromagnética que dispara toda creación.

Hermes – Mercurio, con el que Afrodita tuvo a Hermafrodito, un bello muchacho del que se enamoró Salmácide, la ninfa de una fuente, y que cuando se bañaba en sus aguas lo abrazó tan fuerte que se fundió con él. Otro moderno renacimiento para la antigua diosa andrógina.

Venus-Afrodita es el arquetipo de la naturaleza en sus manifestaciones más luminosas, más estimulantes, más sensuales, más inspiradas.  Por eso es diosa de la primavera, del arte, la belleza, los juegos y el amor. Como ella siguió libre a pesar de todos los intentos de control, su amor es el amor libre, sus juegos son espontáneos y alegres, su frescura es la de la Vida

En Latín Venustrus es gracioso y en Sánscrito Vana es amable. Y de Venus son: veneración, venerable, venerar, venas. Y de Afrodita viene Afrodisíaco.

¿No es ser y estar en unidad interna con la vida el más puro placer?  ¿La iluminación del lucero el puro éxtasis de estar vivo?

Danzar con la vida, hacer sonar la música propia con la música que nos rodea, ese instante único que nos da fuerzas para seguir.

Es esa sensación al reconocer nuestro camino, es oler los vientos y saber lo que anuncian, desarrollar las cualidades y sentir la satisfacción de vernos crecer a través de ellas y de compartirlas. Es escuchar la voz del cuerpo. Es aprender el lenguaje de los pájaros. Es recordar a nuestros antepasados ancestrales y oír sus risas de niños en el atardecer.

La Venus del nuevo mundo patriarcal se desmenuza a través de los nuevos juicios que denigran el aspecto sexual y la asocian a la pasión erótica como fuente de sufrimiento, destructora y señora de la locura y de la guerra. Como a Elena en la guerra de Troya, se la hace culpable de los deseos masculinos en los tiempos oscuros del Hierro, en que sirvió para esconder y justificar las ansias de conquista y poder de los nuevos señores.

La señora del cielo fue encarnada en las mujeres bellas y encerrada en los rincones de los harenes, donde fue sometida y utilizada para el placer masculino. O fue relegada a un tiempo y una posibilidad en la vida de las mujeres, para ser elegidas convertidas en objetos, y así nacieron las madres castas y las brujas malas, las suegras, como la que encarna Venus en Eros y Psique, el cuento de Apuleyo, del siglo II, lleno de guiños para iniciados que todavía honraban en secreto a la diosa ancestral. Eros y Psique

Esa es la Venus maleada por las nuevas cortes olímpicas en las que se vio obligada a vivir, pero la otra, la auténtica, sigue corriendo por nuestras venas y las del mundo porque su fuerza es indestructible. Es la fuerza de la Vida, una danza de continua transformación, de luces y sombras, de belleza, deseo, de misterioso equilibrio y de creación.

En nuestro Venus astral vemos cómo late el deseo y la fuerza de la Vida, esa Vida que lo recorre todo e ilumina, como el Lucero, que anuncia la mañana o celebra el día, y que nos recuerda que somos suyos y sus horas nos acogen en el tiempo.

Su arquetipo nos habla sobre nuestras sensaciones y sentimientos, nuestros gustos y placeres, nuestros amores, nuestras capacidades artísticas y creativas, nuestra capacidad de disfrutar de la belleza y el arte, de la música, las artes plásticas y la comedia. Sobre nuestro sentido del humor, nuestros juegos y lo que nos gusta hacer en tiempo de ocio. Nuestra relación con la naturaleza, con la sensación de estar vivo. Nuestra relación con el cuerpo y sus formas, su belleza y nuestro estilo estético.

Venus es dueña de todos los tiempos y territorios, pero sobre todo percibimos su plenitud en Tauro y Libra, los momentos más bellos de la primavera y el otoño.

Agua fresca

 

 

 

 

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