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SATURNO

Posted on 08/04/2016 by

En los tiempos ancestrales de la recién nacida Tierra, las fuerzas naturales estaban desatadas y en formación. Entonces sólo estaban la ardiente Gaia, y el cielo lleno de gases y promesas, Urano.

Los mitos griegos convierten estos comienzos en una historia de amor y pasión entre la tierra y el cielo, que cada noche caía sobre su amada y la fecundaba dando así a luz a las fuerzas naturales primigenias llamadas Titanes, entre los que estaban Océano, Ceo, Crío, Hiperión, Tea, Febe, Mnemósine, Temis, Japeto, Tetis, Rea y Cronos. También a los Hecatonquiros, gigantes de cien brazos y cincuenta cabezas, y a los Cíclopes de un solo ojo, Brontes, trueno, Estéropes, relámpago, y Arges, rayo.

Urano, asustado de las potencias que le nacían a Gaia, los enterraba otra vez en su vientre, en el Tártaro.

Un día Gaia, harta de los excesos celestes, pidió a su hijo pequeño, Cronos, que acabara con su padre Urano y cerrara ese ciclo de caos.

Cronos obediente, tomó una hoz y al caer la noche, cuando su padre se extendía sobre la tierra para volver a fecundarla, cercenó sus testículos.

Cronos asumió entonces el gobierno del mundo junto a su esposa y hermana Rea, dando lugar a la mítica Edad de Oro, en la que Gaia se extendió ancha y fértil en sus grandes ríos y valles después del deshielo, y todos los seres se multiplicaron y encontraron su lugar en ella.

Cronos representa la edad neolítica en la que los humanos descubrieron la agricultura y la ganadería y comenzaron a crear poblados más estables y a medir los ciclos estacionales.

Las presagios le anunciaban que caería de la misma forma que Urano, a manos de uno de sus hijos, así Cronos se volvió un feroz tirano que devoraba a sus hijos al nacer, asumiendo el arquetipo de la muerte y el tiempo en su aspecto implacable que todo lo devora. Pero Rea, encarnación de la diosa primigenia, de la energía madre de todas las formas, seguía su ciclo de cambio y salvó a Zeus, uno de sus hijos.

Ayudado por las diosas, Zeus dio a su padre una droga que hizo que vomitara a todos sus hermanos y liberó a los gigantes dando comienzo a la guerra contra los Titanes, que términó con todos ellos encerrados en el Tártaro y dio nacimiento a la nueva era olímpica, la era del dominio guerrero y patriarcal del mundo.

Hay una relación lingüística de su nombre, Saturno, con Sata – sembrador, y con Sator – rico, abundante, fértil.

Es el labrador divino con su herramienta simbólica, la hoz o la guadaña.

En Roma se le ofrecían las Saturnales, durante las cuales se interrumpían las actividades  públicas, se aplazaban las ejecuciones y se liberaban algunos presos. Esclavos y amos cambiaban los papeles y durante unas horas los esclavos vestían las galas de sus amos y  eran servidos en sus mesas. Se permitían las loterías y juegos de azar, que en otras épocas estaban prohibidas, y el dios era liberado de una cinta de lana que lo rodeaba durante el año y que impedía que abandonara la ciudad llevándose la prosperidad. Se le ofrendaban sacrificios y se celebraban banquetes públicos que propiciaban la vuelta a la Edad de Oro perdida.

Saturno ‑ Cronos es la sabiduría nacida de la experiencia. Después de haber caído y vuelto a levantarse, el humano reflexiona y aprende sus lecciones, se acerca a la tierra que le dio nacimiento y se reconoce todo y parte con ella.

Abandona las arrogancias del ego infantil y madura, descubriendo la profundidad y el valor de la vida y del sí mismo.

Aprende a reconocer sus retos, a no pelear con los obstáculos y a convertirlos en oportunidades de aprendizaje.

Aprende a sembrar y alimentar su camino con la voluntad y la disciplina que necesita el crecimiento de cualquier semilla. A desbrozar lo que no es, lo que no le corresponde o ya está fuera de su ciclo, y a reciclar para alimentar su Tao de confianza.

Es por eso creador y destructor. Sabe de la necesidad de aceptar el orden de la naturaleza y sus ciclos; reconoce sus señales y sabe leer sus mensajes y aprovecharlos para la siembra y la cosecha.

Reconoce la llegada del tiempo yermo y se prepara para el tiempo fértil y creciente.

Sabe de la necesidad de los límites, del esfuerzo de la voluntad, de las renuncias y restricciones que permiten encauzar la energía para alcanzar su máxima productividad y excelencia.

Tiene el conocimiento del espacio y el tiempo, las cuatro dimensione de la realidad física, y de las puertas que las conectan con el caos creativo. Por eso en sus fiestas todos cambiaban los papeles y se volvían locos por unos días, saltando y desmadrándose para despertar la fuerza pura que vive en las encrucijadas del año y atraerla hacia las necesidades de la cotidiana realidad.

Sabe que todo gira en esa dualidad entre caos y orden, y sopla al oído de los sabios los vuelos mágicos que reciclan y recuerdan la energía y las ganas de ser y estar.

Cronos era una personificación del tiempo que con su herramienta, la hoz, es una manifestación del tiempo terrestre implacable, y a la vez una divinidad de la fertilidad de la Tierra.

Además de padre desterrado de los dioses olímpicos, Zeus, Hera, Neptuno, Hades; de Cronos nació Pan, arquetipo de los bosques y prados, de la naturaleza en su aspecto salvaje y de los pastores y rebaños. Con cuerpo mitad de hombre y mitad de macho cabrío, y siempre acompañado de un perro, representa la otra cara de Saturno, su aspecto maléfico, su parte bestial y diabólica que despierta nuestros miedos, y que más allá de las apariencias, es siempre un aviso, una señal; el recuerdo de que esto también pasará, que nos calma frente a lo malo y nos avisa de disfrutar de lo bueno, porque también pasará.

Donde Saturno aparece en nuestro mapa celeste, presenta su aspecto de restricción, límites y obligación. Sus retos y pruebas de madurez en nuestra vida, pero también su otra cara de aceptación y vivencia del presente que es semilla de plenitud.

Su madurez nace de la capacidad que nos ofrece desde las profundidades de la psique, de ser conscientes de la importancia de la voluntad para asumir nuestras elecciones y sus esfuerzos, y de ser capaces de llevarnos a la realización.

De aceptar el tiempo como energía y como herramienta, y caminar la vida con la muerte, compañera ineludible, que nos recuerda vivir en el presente con autenticidad y presencia, llave de todos los saltos dimensionales y conscientes que podamos imaginar.

Detrás del misterioso anciano que camina con la guadaña, asoma Pan con su siringa, rodeado de personajes carnavalescos y alegres que cantan chirigotas en las fronteras del día.

 

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