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Plutón

Posted on 10/04/2016 by

Hermano de Zeus y Neptuno, colaboró en la lucha contra los titanes con su casco de piel de perro, que lo volvía invisible.

Cuando Zeus repartió el mundo, le concedió a Plutón los dominios del mundo subterráneo, el Tártaro, donde Caronte con su barca, cruzaba a las almas la laguna Estigia, y Cerbero, el perro de tres cabezas, guardaba las puertas del infierno.

Según cuenta la leyenda, Perséfone, hija de Deméter, la diosa madre, fue raptada por Hades mientras paseaba con las ninfas, y más tarde se convirtió en su esposa. Perséfone, según sigue contando la leyenda, se enamoró de su raptor y se fue a vivir al Tártaro, lo que provocó en su madre una profunda depresión que sumegió a la naturaleza en un largo período de oscuridad. Cuando la situación se volvió insostenible, Zeus intervino para hacer un pacto con Hades y Perséfone, de esta forma, ella pasaba seis meses al año con Hades en el Tártaro y seis meses con su madre en la superficie de la tierra.

La historia de Perséfone relata el ciclo de las estaciones y de la semilla, que cada año se sumerge en la oscuridad para después brotar y florecer y dar fruto, y volver otra vez a convertirse en semilla en la tierra.

Hades, el Invisible, o Plutón, el Rico, poseía también el dominio de los metales y piedras preciosas y de los tesoros ocultos.

Se le temía y a la vez invocaba porque su poder generaba los procesos químicos que devolvían a la tierra sus nutrientes.

En el origen, eran la propia Perséfone y su compañera la triple Hékate, las señoras del inframundo, que regían los ciclos de la vida y de la muerte y guardaban la sabiduría de la verdad última de todas las cosas, la verdad escondida en las fuerzas de la naturaleza y los elementos que componen la vida.

Con el rapto de Hades a Perséfone, simbolizamos en nuestro inconsciente las transformaciones nacidas con el dominio masculino en la edad de Hierro, pero en el carácter profundo del arquetipo, Hades sigue siendo aliado de la diosa naturaleza. Por eso es a la vez invisible y real, más allá de las ideas e interpretaciones humanas, más allá de la propia existencia de los humanos, en el mundo de las fuerzas que subyacen a cualquier manifestación, y nos recuerda nuestra pertenencia a la naturaleza más allá de nuestro control.

Perséfone es también la diosa del laberinto cuando se viste de Ariadna, señora de la transformación que supone el encuentro con la propia oscuridad y con la verdad de ser.

El Plutón astral nos conecta con la realidad y la verdad porque nos enfrenta con algún aspecto oscuro, aquello que no queremos mirar, el monstruo en el centro del laberinto que se viste de obsesiones, dependencias, envidias, celos, manipulación, ambición y luchas de poder, y al que algún día tendremos que hacer frente, agarrados al hilo de Ariadna, en un viaje de crisis y de muerte que será la puerta hacia el centro del ser, el lugar del tesoro escondido que guarda Hékate con el perro de tres cabezas, ese lugar de la verdad que asoma en la madurez de la iniciación.

De este viaje podemos renacer más verdaderos, centrados y auténticos, o morir. Podemos renacer como Psique, a la conciencia despierta y el amor verdadero en fusión con Eros, el que está más allá de todas las pasiones egoicas, o desaparecer como Eurídice, atrapada en el deseo, la impaciencia y la ambición de Orfeo.

El espíritu atraviesa el infierno antes de emprender su camino hacia la luz.

Allí donde Plutón se manifiesta, la humanidad entera se enfrenta al uso del poder para sacar a la luz el engaño y descubrir el secreto del verdadero tesoro.

Nos enfrenta con los monstruos más terribles para descubrir que son ilusión y que la verdad está en la vida, más allá de toda manipulación que queramos ejercer sobre ella.

Destruye aquello que inevitablemente ha de morir y al mirar de frente su verdad descubrimos aquello que es inmortal e invisible, el oro puro de los alquimistas, la energía pura, fuente de toda creación.

Es la fuerza que late en el fondo del inconsciente y que pugna por salir a la luz destruyendo todas las mentiras personales o sociales.

Es el fondo de energía universal al que todos estamos conectados y del que nacen todas las manifestaciones.

Es la gravedad, la misteriosa fuerza que nos mantiene sobre el planeta.
Es el poder en su sentido profundo, el poder de la naturaleza, de las fuerzas físicas, de la energía.
Es el electromagnetismo y las fuerzas nucleares.

Es el poder de la riqueza interior, del deseo y la muerte en su ciclo necesario y continuo de destrucción y recreación de la vida.Perséfone

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