Navigation Menu+

Neptuno

Posted on 10/04/2016 by

Poseidón, uno de los hijos del Titán Saturno, fue rescatado del vientre de su padre por su hermano Zeus, que creó el Olimpo, una nueva morada más sofisticada para los dioses, y repartió el mundo entre sus hermanos.

A Poseidón/Neptuno le correspondió el dominio de mares y océanos, aunque él no quedó nunca contento porque le fueron negadas las ciudades portuarias, que consideraba parte de sus territorios, y muchos ríos y manantiales. Esto significó innumerables litigios que siempre terminaba perdiendo ante el tribunal de los dioses. Al final quedó relegado a su isla de la Atlántida y a su palacio en el fondo de las aguas, algo que vivió como un desengaño y una especie de destierro, ya que aunque sus aguas alimentaban y daban riqueza a las tierras que las circundaban, él no tendría nunca ningún poder sobre esos mundos sólidos en los que habitaban los humanos. Su mundo estaba poblado de seres fantásticos de las profundidades, como los monstruos marinos y las sirenas, y sólo en sus pequeñas cáscaras de nuez lo paseaban los humanos que se atrevían a surcar sus abismos y desafiar sus humores.
Casó con la oceánide Anfitrite, aunque tuvo muchas amantes a las que seducía o violaba transformado en algún animal de los de su corte, caballos, toros, delfines y tritones.

Teniendo en cuenta que él era un dios colocado por el nuevo orden de los dioses patriarcales, Neptuno tuvo que aliarse con todas las ninfas de las aguas, que reinaban en ellas desde el origen, y someter a la diosa primordial del Mediterráneo, Talasa, que fue madre de los peces y del mar Egeo. Y sobre todo a Thesis, una titánide que se convirtió más adelante en la diosa Tetis, diosa del mar de los orígenes donde nació la vida, y que también fue conocida como Metis, la diosa de la sabiduría.

Thesis surgió al comienzo del universo y con Océano tuvo a Chronos (el dios del tiempo, más adelante convertido en Saturno), Ananké (la madre de las Moiras), a Poros (el principio de las cosas y la oportunidad), a Penia (pobreza) y a Tecmor (el fin de las cosas).

A muchos antiguos tuvo que encarnar Neptuno, algunos difíciles, como la disolución en la muerte y la pena que la acompaña. Y su propia decepción, la de un arquetipo atrapado en la nueva ley patriarcal y marciana, construida sobre criterios de dominio, creído que con esa fuerza podría conquistar una felicidad que siempre se le escapaba, porque había olvidado la sabiduría de la diosa Metis, la que conoce que la felicidad nunca está fuera de uno mismo.

Tremendo aprendizaje del nuevo arquetipo de Neptuno, que ahora necesita tomar toda esa valentía para navegar en las aguas profundas de su propio inconsciente personal, y atravesar  las capas de la familia y la tribu ancestral, y de la memoria colectiva, para unirse a su aspecto femenino y recuperar su sabiduría original, y alcanzar la conciencia de ser.

Por eso se le asoció con animales como el toro de Creta, el hermoso toro blanco que Poseidón regaló al rey de Creta para que le fuera entregado en sacrificio, y que el rey, celoso y arrogante de sus éxitos, no quiso sacrificar, con lo que obtuvo el terrible castigo de ver a su esposa Pasifae enamorada y ayuntada con el toro gracias al artificio construido por Dédalo. Pasifae quedó embarazada del animal dando a luz al terrible Minotauro, mitad humano y mitad toro, que  hubo que encerrar en el laberinto y que a pesar de los intentos por esconder la vergüenza y la culpa, devoraba cada año su dosis de jóvenes.

El terrible laberinto en que se va convirtiendo el inconsciente humano conforme se vuelve saco de culpas y vergüenzas; que se trasforman en monstruos que reclaman su parte de energía, y van así agotando las posibilidades de alcanzar el conocimiento del ser y el desarrollo de la propia individualidad única y consciente.

Si Neptuno se enzarza en la pelea por alcanzar sueños irreales y  pierde  su energía, queda después agotado y entregado a largas melancolías que apaga con adicciones varias, ensoñando en dramático romanticismo, víctima de sus propios juegos.

Otro de sus hijos  fue Pegaso, el caballo alado, al que engendró al violar a la bella Medusa, la de hermosos cabellos, que servía como sacerdotisa en el templo de Atenea. Poseidón quedo prendado y la violó allí mismo en el templo, lo que provoco la ira de Atenea, que en vez de castigar al dios violador, castigó a la pobre Medusa convirtiendo sus cabellos en serpientes, y a ella en una nueva Furia, capaz de convertir en piedra  a aquellos que se dejaban atrapar por su mirada.

Un caballo volador, hijo de un dios atrapado en sus emociones y sus pasiones, injusto e inestable, perdido en sus derrotas, olvidado de sus orígenes.

A Hestia, la diosa del hogar, que había obtenido el don de la independencia, no pudo violarla porque se había convertido en concepto, en la abstracción del fuego del hogar, muy complicado para un dios enfrascado en sus cambios emocionales.

No es raro encontrar a neptunianos errantes, con dificultad para crear arraigo, enlazados a sueños que no terminan de hacerse realidad porque no encuentran territorio en el que asentarse y crecer.

También intentó seducir a Selene, su amor platónico, a la que confundía con su reflejo en el mar, por lo que siempre que intentaba abrazarla se le escurría entre las manos.

Enamorados de ilusiones, de publicidades engañosas, de fantasías de redención ofertadas por todo tipo de gurús que venden reflejos para escapar de la realidad.

Neptuno habitaba un mundo de fantasías y apariencias, de proyecciones que lo enredaban en luchas y angustias, lo sumergían en el destierro y la decepción, y a ratos, en la sublimación y el ensueño, un mundo de cantos de sirenas.

En su aspecto más real era el dios de los navegantes y de los seísmos y terremotos, de las tempestades marinas, las inundaciones y las sequías.

Navegaba en su carro de caballos blancos con su tridente y acompañado de delfines, y con su larga barba se paseaba por las profundidades y abismos marinos, el mundo surrealista del inconsciente en el que nos adentramos al soñar.

Las emociones con sus tormentas, las fantasías e ideales utópicos, la confusión, la huida de la realidad, los velos del autoengaño y la mentira. La puerta de otros mundos y antesala de la muerte, instantes fronterizos en los que podemos recuperar la memoria de nuestro ser real y experimentar aceptación y comprensión, y recuperar la valentía de ser y enfrentar los miedos, y lanzarnos a recorrer los resbaladizos pasadizos internos.

Una leyenda cuenta que al morir, las almas tienen que beber de la fuente del olvido, perdiendo así la memoria de su anterior vida para volver a comenzar en otra sin recuerdos, y que sólo los héroes sabrán distinguir entre las dos fuentes que se encuentran en el mundo infernal, más allá de la muerte, y beber de la fuente de la verdad, que permite conservar la memoria y así entrar en una nueva dimensión de consciencia espiritual. Otra posibilidad que Neptuno representa, pero a la que solo se llega a través de la aceptación, la humildad, la comprensión y la empatía. Cuando nos reconocemos en el juego de espejos, cuando recuperamos nuestras proyecciones y descubrimos los miedos y emociones que esconden, cuando nos atrevemos a ser nosotros mismos mas allá de los monstruos que construye nuestro ego.

Antigua posibilidad de los humanes, recuperar su conexión con la energía, conectar con su fluido, que se manifiesta en el fluido de la naturaleza y sus ciclos, reconocer su misterio y ser en él, ser y desaparecer en la danza del océano cuántico.

La primera molécula nació en la matriz de los océanos, que se formaron después de  inmensas explosiones volcánicas en las que la tierra paría a los Titanes, grandes rocas envueltas en fuego y lava que fueron cargando la atmosfera de gases, que después precipitaron en lluvia durante miles de años. En esa matriz oceánica nacía la vida y a esa matriz vuelve en la disolución cíclica.

Todas las formas nacen y mueren en el océano cuántico donde gobierna Neptuno , que es también Metis, la diosa de la sabiduría.

Allí donde Neptuno se encuentra puede que nos dejemos atrapar por ilusiones o engaños, por el propio autoengaño. Por adicciones y otras sectas, intentando huir de la realidad.

Montados en su carro de caballos podemos surcar las aguas del inconsciente y viajar al fondo de los sueños. Podemos experimentar la verdadera intuición, la sensibilidad, la compasión, la vulnerabilidad. Podemos descubrir otras formas de percepción, la música, la poesía y el arte

A veces la puerta a esos estados es la saudade, esa melancolía inesperada, la nostalgia o la genuina tristeza del guerrero, que nunca es autocompasión, y que nos acerca a la comprensión profunda de la vida.

Tanto si queremos como si no, Neptuno/Poseidón nos descubre la verdad velada, la que aflora en momentos de crisis donde es irrenunciable la sinceridad interna.

En Roma, las fiestas de Neptuno eran las Neptunalias, que se celebraban para evitar las sequías. Por eso en Roma, Neptuno tenía como atributo, además de su tridente, la cornucopia, símbolo de abundancia.

El mar, los líquidos, la música, el cine, la televisión, el teatro. Fascinación, sueños, apariencias, decepciones, espiritualidad, ideales, mística, presentimientos. La niebla, el petróleo, el misterio, anestésicos, halagos. Intangibles, fragancias, intuición, poesía, baile, colores. Las drogas y las adicciones, el alcohol. Hipocondría, sonambulismo, trances, hipnosis, inmaterialidad. Lo sutil y gradual. El agua y los líquidos y todo lo relacionado con ellos en la naturaleza.

Neptuno en el mapa natal nos dice en qué aspecto tendemos a engañarnos a nosotros mismos o a los demás. Dónde tendemos a idealizar la realidad, dónde está  más abierta nuestra percepción sutil y a la vez somos más vulnerables, incluso a veces dependientes. Dónde nos sentimos víctimas. Dónde las mareas profundas del inconsciente personal y colectivo afloran y a veces estallan en tormentas. Dónde está lo incontrolable y también la puerta hacia el autoconocimiento verdadero y la sabiduría profunda.Neptuno de Ventura Rodríguez

Comentarios

A %d blogueros les gusta esto: