Navigation Menu+

Marte

Posted on 08/04/2016 by

Marte se parece a la Tierra, gira sobre sí mismo en poco más de 24 horas y tiene hielo en sus casquetes polares, aunque una atmósfera menos densa que la nuestra. En algunas épocas es visible en el cielo nocturno con su tono rojizo. Tiene dos pequeños satélites, Fobos y Deimos, y su revolución sidérea es de 687 días.

Es el planeta regente de Aries, el arquetipo del nacimiento, de la iniciativa, el empuje y la fuerza necesarias para comenzar todo en la vida. Es por lo tanto el niño en su primera salida al mundo.

En la mitología griega era hijo de Zeus y de Hera, su esposa oficial. Era representado como un muchacho fuerte, robusto, activo, inquieto, decidido y valiente. Impulsivo y agresivo, podía llegar a ser brutal y despiadado, por eso se convirtió en el dios de la guerra y la violencia, la nueva práctica de los nuevos imperios del orden patriarcal.

Pero en los tiempos ancestrales, Ares era el niño, el joven, el fuerte, el héroe, el cazador, pastor y agricultor, que conocía los secretos de la construcción de herramientas, los secretos de la naturaleza y de la supervivencia. El Mago en el Tarot.

Era el carnero, un dios de la fertilidad que aparece como Hombre Verde o Cernnunos en la mitología Celta, y que en Grecia se mantiene en la figura de Pan, el dios con piernas y cuernos de cabra que protege a pastores y rebaños y representa la fuerza de regeneración de la naturaleza.

Aries nunca reaccionaba con violencia salvo en circunstancias de amenaza y como Hércules, su aspecto más humano en el mundo griego, procuraba salvar obstáculos naturales y ayudar a los más débiles.

Representa la figura del héroe que se enfrenta a su propio camino evolutivo como el niño recién nacido enfrenta el camino de su vida.

El Ares griego se infantilizó con el tópico y se disfrazó de su aspecto más egocéntrico, enzarzado en situaciones violentas y desagradables, a veces ridículas.

Entre sus muchas amantes la más importante fue Afrodita, su verdadera alma gemela, con la que tuvo a Deimos y Fobos, genios que despertaban temores, miedos y fobias varias.

El Ares griego simbolizaba también la fuerza física en el deporte y la conquista de niveles de rendimiento.

El Marte romano incorporó tareas que requerían de su fuerza física, como las actividades agrícolas, constructivas y técnicas. Fue protector de la vegetación y sus sacerdotes realizaban danzas para proteger los campos y a los labradores.

En Egipto era Khnum, el dios carnero, que en su torno de alfarero modelaba a dioses, humanos y animales y les insuflaba la vida.

Ares/Marte es el arquetipo de la energía en su forma más primaria, más básica e instintiva. Es la lucha por la supervivencia, la defensa del territorio, el impulso a la conquista. Es también la fuerza que empuja al niño a salir del vientre de la madre y a crecer demarcando su individualidad, sus deseos y sus expectativas.

Representa nuestra capacidad para realizar las acciones necesarias de la vida, para protegernos, para crear nuestro territorio, para alcanzar nuestros sueños y objetivos. De esta forma el arquetipo del guerrero evoluciona hacia la impecabilidad, la voluntad, la disciplina y la nobleza. Convierte el instinto en fortaleza física y psíquica para experimentar, superar obstáculos, luchar por los objetivos, elegir y decidir, actuar, realizar.

Marte es el alma gemela de Venus porque ambos complementan lo que llamamos Vida. Los dos representan la polaridad básica de la vida. Fuerza, energía e impulso asociados a deseo, amor y atracción, unidos en la formación y la creación. Es por eso que Marte y Venus se relacionan con huertos, jardines, labradores, alfareros y herreros, con la habilidad de separar y canalizar las aguas, superar abismos, diseñar recipientes, construir herramientas, elaborar materiales y formas que mejoraban la calidad de vida y la supervivencia de los grupos.

Sus capacidades fueron vistas como potencias divinas que servían al futuro de posibilidades recién descubiertas, de la inteligencia y la conciencia.

Representan dos principios opuestos y paralelos en nuestro interior, el principio femenino que atrae y cuida y el principio masculino que actúa y defiende. Pero como no están nunca separados en realidad, no están nunca separados en nuestro interior y cuando uno de los dos aspectos se ve reprimido o disminuido por razones de costumbres e ideologías varias, se produce un desequilibrio que puede enzarzarnos en problemas.  Como nos cuenta la historia de los doce trabajos de Hércules, cuando nuestro aspecto Héroe interno se deja llevar por su impulsividad cae en el error, ese error que en los cuentos es la Félix culpa que lo obliga a iniciar su verdadero camino heroico, su camino de autoconocimiento y evolución.

Cuando Marte se manifiesta en su aspecto guerrero y brutal está fuera de sí, porque esa fuerza está siendo infrautilizada, porque no está actuando para lo que es, para decidir y dirigirse hacia los mejores objetivos de crecimiento y creación.

Cuando se somete o se desvirtúa su capacidad surge la rabia, la irritación y la violencia que destruyen en vez de crear, que hieren, que incapacitan, que alejan, que duelen. Surgen las luchas de poder y la manipulación, surgen los odios, los celos, los miedos, las envidias, las fobias, las ansiedades y angustias.

Ares/Marte es la fuerza del deseo, la acción y el poder, que necesita ser reconocida como fuente de supervivencia para así encauzarla hacia las acciones constructivas que nos llevan a la realización.

Por la fuerza y el impulso de Marte conseguimos aquello que anhelamos. Sin su impulso nos convertimos en seres débiles, sumisos, dependientes. Con su ayuda (nuestra propia fuerza y valentía), alcanzamos la victoria o las pequeñas victorias de cada día y lideramos nuestra vida.
Es el arquetipo del líder interno que decide y actúa, del Héroe.
Será asunto de cada uno y de todos tomar conciencia de esta fuerza primaria, reconocerla e integrarla, para que deje de manifestarse imprevisible en su aspecto más destructor.
Marte y Venus como arquetipos invocan una reflexión individual y colectiva, una que atañe a nuestra energía como Vida. ¿Vida para alimentar ideas y creencias, ambiciones desmedidas, fantasías irreales, complejos, fobias, luchas de poder? O vida para vivirla, sentirla, disfrutarla, compartirla, alimentarla y amarla.
Ares/Marte quiere convertirse en el héroe interno gracias a su voluntad, conciencia e intuición, y en artesano, constructor, creador de formas y tecnologías para mejorar la vida. Y Venus quiere recuperar su hermosa naturaleza, cambiante de formas y colores, seductora en sus brisas, en sus orillas, en sus remansos, en sus amaneceres y atardeceres que alientan y recogen la fuerza danzante de los ciclos.
Encarnan en nuestra psique consciente después de haber sido tormenta y arco iris, carnero y jabalina, cazadores recolectores nómadas que danzaban a la primera luna, agricultores y ganaderos, alfareros y cocineros, y herreros, y caballeros y damas andantes, y se adentran en el nuevo territorio planetario de imágenes que los reflejan miles de veces, y que recorren lugares y miradas que se preguntan qué será de nosotros y de la nueva vida que nos espera mientras los dos arquetipos gemelos cambian otra vez de piel.

Mientras Marte toma la iniciativa, Venus nos demuestra la validez de lo iniciado gracias a la satisfacción que nos produce. Por eso no podemos nunca verlos por separado en nuestro mapa natal, en el que nos hablarán sobre nuestra feliz y satisfactoria inserción en la vida o en caso contrario, sobre nuestras tendencias autodestructivas o depresivas.

Los aspectos que se formen entre Venus y Marte nos ayudarán a ver esa relación interna de opuestos y complementarios.

Marte es el actor de nuestros descubrimientos y nacimientos en el signo de Aries, por eso muchas veces podemos verlos realizados más a menudo en el lugar donde se encuentra Marte que en la posición de Aries en nuestro mapa natal.

Su relación con el arquetipo que representa Venus será importante para valorar su equilibrio en nuestra vida, la facilidad o dificultad para encarar las dificultades, para canalizar su energía de forma equilibrada, para madurar la acción y llevarla hacia la realización, para aprender a protegernos, defender nuestras necesidad, descubrir nuestra energía de vida y no dejar que su descontrol desemboque en violencia, dolor, autodestrucción o conflicto permanente.

Marte resume nuestra forma de hacer, de accionar, y las zonas de la vida donde esta acción surge con más impulso, por lo que reconocerla nos da energía y nos mantiene en el ciclo de renovación cíclica que alimenta la esperanza.

Venus, Marte y el Amor- Di Cosimo Piero

Comentarios

A %d blogueros les gusta esto: