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LOS MITOS

Posted on 01/04/2018 by

Alrededor del 11000 a.C., en el final de la época glaciar, los humanos comenzaron a instalarse cerca de los grandes ríos formados por el deshielo. Poco después descubrieron la agricultura y empezaron a cultivar la tierra, a cuidar ganado, a construir poblados, desarrollaron la alfarería y la fabricación de tejidos. Entonces nacieron los mitos poéticos que relataban el origen de los humanos y los animales, del fuego, de las tormentas, del sol, de la luna y de las plantas. Con estos cuentos míticos nacieron las diosas y dioses que enseñaban los secretos de la caza, del cultivo, de la construcción de casas, de la fertilidad, de la muerte y de los ciclos.

Los mitos no solo explicaban el origen del mundo, también servían para informar,  para crear patrones de conducta y para mantener el equilibrio a través de los rituales estacionales.

Cada acontecimiento importante tenía una historia mágica y podía ser estimulado o rechazado en rituales, según fuera dañino o benéfico. Así se fue creando un lenguaje simbólico que servía para comunicarse con las fuerzas misteriosas de la naturaleza.

Los mitos nacen en los patrones del inconsciente que Jung llamó Arquetipos, configuran la estructura de nuestra psique y nuestra percepción del mundo como especie, y están en la base de las religiones.

En el Paleolítico la Diosa Madre, representada por figuras de grandes pechos y caderas, era la naturaleza  y la unidad de todo. Sus espacios sagrados estaban en lo profundo de las cuevas, símbolos de su útero y lugares de transición, donde los iniciados podían sentir el misterio y conectar con las fuerzas de la vida y de la muerte.

Se manifestaba también en las montañas, las piedras, los manantiales, los ríos y lagos. En la lluvia y la tormenta. En tiempos, seres y situaciones en que podía percibirse con más fuerza su potencia y energía. En los bosques y en la llama sagrada que habitaba el corazón de los árboles. En las abejas, yeguas, jabalíes, toros, bisontes, serpientes, arañas, ciervos, aves y peces. En los partos de las mujeres, en las fases de la Luna, en las hierbas que acompañaban el sueño mágico.

En el Neolítico se siguió honrando a la naturaleza en la Diosa que ordenaba el espacio y el tiempo. La Tierra y la Luna eran dos aspectos de la misma Diosa. La Luna era la señora de los ciclos y la Tierra era la señora del espacio. El Huevo del Mundo que se dividió en dos partes y dio nacimiento a todos los seres.

Los rituales servían para dialogar con ella y crear cohesion social. Para intercambiar, organizar, crear nuevas relaciones, aprender, compartir experiencias, cantar y representar los relatos poéticos. El misterio central era la renovación periódica del mundo asociada a los ciclos estacionales y agrícolas. Para simbolizar esta renovación anual apareció la figura del niño divino, el dios año o niño sol, símbolo del grano de cereal que crece, da su fruto y muere, para convertirse de nuevo en semilla y fertilizar el vientre de la madre.

El espacio de los poblados se convirtió en sagrado, y en medio de ese espacio y ese tiempo se colocaba el eje del mundo, el centro, el árbol sagrado o Axis Mundi.

La Luna era la diosa triple en sus tres fases visibles, creciente, llena y menguante, asociada a las tres fases del crecimiento de plantas, animales y humanos, así como a los tres aspectos de la diosa, doncella, madre y anciana sabia. La Luna oscura era la muerte y el viaje al inframundo.

En primavera eran Maya y Cernnunos, dioses de la fuerza generativa y de los bosques, que en su danza se transformaban para volver a renacer.

Foto: Caldero de Gundestrup. Siglo II a.C. Museo Nacional de Copenhage, Dinamarca. 

 

 

3 Comments

  1. Muy clara e interesante la explicación. Gracias May

  2. Me embelesa y transporta a aquellos lejanos tiempos. Gracias May.

  3. Gracias May por este trabajo tan bonito y por tu generosidad al compartirlo.

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