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La Luna

Posted on 05/04/2016 by

En los tiempos ancestrales los dos titanes, la Luna era Selene, hija de Hiperión y Tea.

Mucho tiempo atrás la Luna también fue una titánide llamada Febe, La Resplandeciente, hija de Urano y Gea.

Y en los nuevos tiempos de Zeus, fue Artemisa, hija de Leto, hija a su vez de la antigua Febe y de Ceo, el titán de la inteligencia. Después de ser seducida por Zeus, Leto dio a luz a los gemelos Apolo y Artemisa, los nuevos Sol y Luna.

El arquetipo lunar se asocia con el origen, con la madre primigenia y con la luz en la oscuridad. Es la que nos ayuda a ver más allá de lo aparente, a discernir lo real y comprender lo necesario. La que cambia en sus fases la perspectiva de las cosas y con su fuerza de gravedad influye en los ciclos vitales y biológicos de los habitantes de la Tierra.

Madre, abuela, hermana, hija de sí misma, crece y se llena para después contraerse y desaparecer representando todos los ciclos.

En su aspecto luminoso era Febe, Selene, Rea, la esposa de Saturno, Leto “la oculta”, como la Luna de día, y Artemisa o Diana.

En su aspecto oscuro era Asteria, diosa de las estrellas, hermana de Leto; era la luz en la oscuridad y por eso diosa de los sueños lúcidos, de la observación e interpretación de las estrellas y de los oráculos. Era la misteriosa Hékate, compañera y amiga de la bella Perséfone, diosa del Tártaro.

Todas las diosas triples hablan de la Luna y sus fases, de la Luna y sus caras, y sus luces, y sus cambios, y sus ciclos, y de los ciclos de la vida. Nacimiento, crecimiento, plenitud y fertilidad, decaimiento y fruto, muerte y disolución.

La Luna Creciente es la Doncella blanca y la primavera. La Luna Llena es la Madre roja y el verano. La Luna Menguante es la Anciana negra y el invierno.

Las diosas triples tejedoras como las Moiras, las Parcas o las Nornas celtas. Las Erinnias, hermanas de las Moiras, que perseguían y provocaban enormes remordimientos a los que hacían daño a sus madres y a sus semejantes; aunque las Erinnias en su aspecto positivo eran las Euménides, “las amables”, “las respetables” o “las patronas” que protegían la fertilidad, la riqueza, la salud y la paz.

Artemisa era la diosa de la naturaleza, “Señora de las Fieras”, y cuidaba de las aguas junto a Perséfone, que cuidaba de las aguas termales.

Los perros y los lobos las acompañaban siempre y dicen que Leto se transformó en loba para huir de Hera, la esposa de Zeus.

Es la madre primordial más allá de todas las formas culturales e ideológicas, que en su ciclo mantiene todos los demás ciclos del planeta, por eso en su forma Hékate protegía las encrucijadas de los caminos y de la vida.

Lilith fue la primera compañera de Adán, que no encajó bien en los planes del nuevo orden patriarcal porque era rebelde e independiente, la naturaleza en su estado puro y en su aspecto salvaje. Así Lilith se convierte en la cara oculta de la luna, la que nunca vemos desde la tierra, y representa ese algo de la naturaleza, de la vida y de la muerte, que no podemos desvelar.

La Luna representa nuestra memoria celular y el origen de la vida. Habla de los procesos de crecimiento, por lo que gobierna los ciclos hormonales que rigen los ritmos vitales.

Igual que a los animales y plantas, los ciclos de las mareas, los cambios climáticos, la Luna afecta y sincroniza nuestros cuerpos y nuestros ciclos.

En algunas culturas antiguas se creía que la diosa Luna también tenía sus días de menstruación y durante esos días todo el mundo descansaba en su honor. Este era el día de la regla de la Luna, que al principio era sólo un día al mes. Más adelante fueron dos días, los de la Luna Nueva y la Luna Llena, y más tarde los cuatro días de los cuatro cuartos de la Luna.  Estas costumbres, nacidas en Babilonia, son precursoras del Sabbat de los judíos y del domingo de descanso cristiano.

La división del año en meses nace del ciclo lunar completo de trece lunas de 28 días, y la división de los meses en semanas está asociada a las cuatro fases de la Luna.

La Luna Creciente es la ingenuidad, la infancia, la permeabilidad que nos permite recibir las influencias del ambiente. Es la intuición, la ternura, la timidez, los sueños, la imaginación y la fantasía.

La Luna Llena, es la emoción de la sensualidad, los deseos y la fecundidad.

La Luna Menguante es el envejecimiento, la experiencia y la sabiduría, es el fruto. Es la creadora de imágenes en el mundo oscuro de nuestro inconsciente, donde tejemos los hilos de nuestro destino, y donde las alimenta de emociones y sentimientos, de las impresiones que registra e interpreta nuestra sensibilidad.

La Luna es el cambio, es el movimiento y la diversidad. Es la sensación y la emoción del momento que, según su intensidad, se guardará en los registros ocultos de la memoria, y según su utilidad irá creando los hábitos cotidianos, pero también representa nuestras manías y obsesiones.

Nuestra Luna nos guía hacia la intuición y la conexión con el cuerpo y su realidad, o nos aleja hacia el mundo surreal plagado de imágenes y sensaciones, y a la confusión y la locura.

Por eso los perros protegen las puertas de su mundo, donde sólo pueden entrar los que son capaces de atravesar sus propios miedos.

En su mundo simbólico no cabe lo racional porque nos conecta con nuestra naturaleza primitiva, sensorial, instintiva y emocional. Por eso representa a la familia, el grupo emocional y biológico, que como un solo organismo comparte sus ciclos.

En su caminar celeste, es un cuerpo rápido, el más rápido de todos. Por eso la asociamos a los viajes, al ritmo y la danza, a la expresión de los sentimientos, a los cambios anímicos y metabólicos, los biorritmos y los ciclos del sueño.

Nuestra Luna natal nos habla sobre cómo vivimos las emociones, sobre nuestras relaciones familiares y sociales, sobre nuestra mayor o menor empatía hacia los demás. Nuestra rigidez o flexibilidad. Nuestra capacidad de adaptación. Los sentimientos de pertenencia. Nuestros estados anímicos y metabólicos. Los sueños. Los recuerdos. Nuestra infancia y nuestra relación con el mundo de los niños, con nuestras madres y con las mujeres en general. Habla de nuestra proyección social, de nuestra inquietud viajera, de nuestros miedos y obsesiones. Habla sobre el cuidado personal, sobre cómo atendemos a nuestra salud psíquica y física. Sobre nuestros ciclos vitales.

Cómo vivimos las crisis y los cambios. Nuestra capacidad de adaptación, nuestra estabilidad o inestabilidad emocional.

Nuestra capacidad de protección y autoestima.

Luna sabia

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