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JÚPITER

Posted on 10/04/2016 by

Es el arquetipo natural del bosque en la tierra y del fuego brillante en los cielos, que se manifiesta en rayos y truenos y a veces, en según qué latitudes, en las auroras boreales.

Esto lo relaciona con la fertilidad, como Urano su abuelo, aunque Zeus repartía su semen luminoso y fecundaba por donde pasaba, no como Urano, que era bastante fiel a su querida Gea.

Júpiter va dejando todo tipo de hijos y creaciones y así actúa en nuestra psique, muchas veces en una creatividad indiscriminada que nace de la necesidad básica de brillar y expandirse; hasta que aprendemos sus claves y secretos, los de este arquetipo que no es otro que un patrón de renovación y crecimiento gracias al que la energía y la naturaleza en su continuo movimiento, encuentran nuevos horizontes, nuevas tierras fértiles y nuevos espacios estelares para crecer y experimentar.

Curioso arquetipo que sólo quiere moverse y brillar, intentando incluso emular al sol central, porque el ego de Júpiter crece a la misma velocidad que su instinto fecundador y creador y puede estallar como un sol, algo que podría llegar a ocurrirle al planeta real, del que se dice que contiene fuego interno y que un día podría convertirse en una estrella.

Es el más grande de todos los planetas del sistema solar y tan brillante a veces como Venus, con el que compite para ser lucero.

Su arquetipo está asociado a lo masculino sólo desde la Edad de Hierro, hace unos 3.000 años. Antes podemos rastrearlo en la mitología griega en Dione, una diosa ancestral honrada en el santuario del oráculo de Dódona, de la Edad de Bronce (5.000 años), dedicado a esta diosa prehelénica de la abundancia y la fertilidad relacionada con las raíces del “Gran Roble”, donde era Zeus Naios y Dione Naia (dios/diosa).

Fue entonces cuando seguramente nació para la psique humana como divinidad andrógina del bosque originario, contenedor de vida y de fertilidad con el roble sagrado.

En sus mitos posteriores aparece como nieto de Urano y Gea, hijo de Cronos/Saturno, que devoraba a sus hijos al nacer ante el temor a ser destronado por uno de ellos, temor que se hizo real en Zeus cuando más adelante, consiguió que vomitara a todos sus hijos y lo desterró al Tártaro. Entonces repartió con sus tres hermanos los dominios del mundo, dando el mar a Poseidón ‑ Neptuno y el mundo subterráneo a Hades – Plutón, mientras él se quedaba con el cielo y toda la tierra y se casaba con su hermana Hera. Además se dedicó a conquistar y violar a todas las mujeres que podían hacerle sombra, antiguas diosas ancestrales, como la propia Rhea, su madre, o a Metis, la diosa de la sabiduría, a la que después se comió, para evitar así que un hijo de ambos lo destronara, aunque creo que sobre todo para robar su sabiduría.

Con éste ultimo relato, el arquetipo de Zeus se reinventa como dominador de todos y nace la era del patriarcado en el mundo humano.

Con Zeus comienza la generación de los olímpicos. Él crea el nuevo orden social en el que el padre domina al hijo, el hombre a la mujer, el señor al esclavo. Es el que sustenta los linajes reales, el que crea las leyes y dirige las relaciones entre humanos y dioses. Con él como dios patriarca, nace el arquetipo y el rol de la esposa oficial burlada, celosa, competitiva e irascible, y desaparece en las tinieblas de la historia, aunque nunca de lo real a pesar de todo, la verdadera esencia de la diosa, la energía en continuo fluir y en equilibrio de polaridades, Dione.

Con Zeus nace el patriarcado y el orden legislativo y religioso, más allá del orden natural de Cronos, que todavía respetaba la esencia completa de las cosas. Pero Zeus depende de las mujeres para extender su imperio a través de sus hijos, por lo que sus conquistas son muy importantes para él, en realidad son la manifestación de su poder recién descubierto, el de la participación masculina en la inseminación del óvulo, que  posiblemente fue un elemento importante en los cambios que ocurrieron hace poco mas de 3.000 años, los cambios que han desembocado en las sociedades actuales. Por eso en su mitología aparece enviando al Tártaro a los Titanes, las fuerzas ancestrales de la naturaleza, y se erige en representante del humano encaramado al poder y el control de todo lo que le rodea.

Júpiter representa la expansión, el crecimiento, aquello que dominamos y donde nos sentimos reyes indiscutibles. Representa la necesidad de amplitud, la búsqueda de nuevos horizontes, nuevas experiencias, el optimismo y el sentimiento de triunfo. Las leyes y creencias sobre las que basamos nuestra vida y las expectativas de lo que podemos alcanzar con ellas.

En su aspecto luminoso nos descubre nuevos territorios de experiencia. En su aspecto oscuro nos vuelve dogmáticos, controladores, exigentes, y arroja nuestro ego más allá de lo saludable despertando la ansiedad por la satisfacción de cualquier impulso o deseo, la exageración y el despilfarro que nos conducen a la ruina.

Él no es el creador del universo pero si el soberano. Cuando castra su parte femenina, su Dione ancestral, pierde esa condición para venderse por un trono muy material, y a veces nos confunde con el brillo de joyas y placeres efímeros. Su sabiduría crece cuando deja nacer de sí mismo el aspecto de la diosa desterrada, Atenea, que nació de su propia cabeza.

Es un arquetipo generoso en su territorio, pero terrible si alguien interfiere para controlarlo, y siempre optimista de su fuerza y poder.

Es normal que de su matrimonio con Hera naciera Ares/Marte, el dios de la guerra.

Detrás de su aspecto benevolente están sus rayos y truenos, una tensión continua por mantener un poder que ha dejado de fluir al alejarse de lo natural. Por eso aparece en sus mitos castigando a los humanos cuando intentan salir de su condición de sometidos, como cuando castiga a Prometeo por darles el fuego del espíritu y del conocimiento.

Muchas veces aparece como mediador en conflictos y querellas y por eso le fue incorporando el concepto de justicia, que en tiempos era propiedad de Temis. Pero esa pasión idealista que ha incorporado el arquetipo de Júpiter, no podrá eludir su patrón más elemental y espontáneo, representado en su necesidad de diversificar sus conquistas entre todo tipo de ninfas, mujeres, diosas e incluso jóvenes efebos, como su dulce copero Ganimedes, y su gusto por los disfraces de animales que utilizaba para seducirlas. Histriónico arquetipo que sabe adaptarse y cambiar de piel, capaz de múltiples transformaciones para cumplir sus deseos. Como lluvia de oro fecundó a Dánae, como cisne sedujo a Leda, como un toro raptó a Europa.

Un viajero andariego, un inquieto buscador de experiencias que siempre deja su huella, su rayo, su brillo, su fuerza y sus creaciones por donde pasa.

Su impulso, como el de su naturaleza representada en el trueno, es siempre creador y fecundador, aunque a veces desmedido y descontrolado, genera más destrozos que creaciones; su medida está en la sabiduría, el mejor desarrollo para este patrón arquetípico que todos llevamos dentro.

Júpiter indica posibilidades, suerte y prosperidad en el sector que toca en nuestro mapa, e indica también dónde ejercemos autoridad de forma natural, en qué ambiente somos o proyectamos líderes y sus ideologías, convenciones y estilos de vida.

Júpiter representa la expansión, el crecimiento, aquello que dominamos y donde nos sentimos reyes indiscutibles. Representa la necesidad de amplitud, la búsqueda de nuevos horizontes, nuevas experiencias, el optimismo, el sentimiento de triunfo. Las leyes y creencias sobre las que basamos nuestra vida y las expectativas de lo que podemos alcanzar con ellas.

Es la búsqueda de algo más, de transcendencia, de significado, pero sobre todo es el reto de alcanzar la sabiduría.Zeus

 

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