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Hércules, el héroe solar.

Posted on 29/01/2017 by

Según su leyenda, Heracles o Hércules, que significa Gloria de Hera, fue uno de los muchos hijos que Zeus tuvo con mujeres humanas, en este caso con Alcmena, a la que sedujo tomando la forma de su esposo. De esta relación nació Hércules, que fue perseguido, como otros hijos de Zeus, por los celos de la diosa Hera, su esposa oficial.

Un designio manipulado por Hera le obligaba a ponerse al servicio de su primo Euristeo, pero Hércules se desentendió de esas órdenes, lo que despertó la ira de Hera que provocó en él un ataque de locura en el que confundido dio muerte a sus hijos y a dos hijos de su hermanastro Ificles. Cuando Hércules se dio cuenta de lo que había hecho, desesperado intentó purificarse de alguna forma y al no conseguirlo buscó consejo en el Oráculo de Delfos, donde se le dijo que debía servir a Euristeo durante doce años y si realizaba con éxito todos los trabajos que éste le ordenara, conseguiría la inmortalidad.

Los doce trabajos de Hércules han sido asociados al camino evolutivo del héroe que nace en Aries y recorre las doce etapas del camino solar que es el zodíaco, convertidas en los doce retos del camino que conduce a la madurez, la individuación y la liberación.

En el signo de Aries, Hércules tiene que capturar a las cuatro yeguas del rey Diomedes, Podargo = Veloz, Lampón = Resplandeciente, Janto = Alazana y Deino = Terrible. Se las llamaba devoradoras de hombres porque se alimentaban de carne humana. Hércules acudió a Tracia a cumplir su tarea junto a su amigo Abderis. Cuando consiguieron sujetarlas, Hércules pidió a su amigo que se encargara él de terminar el trabajo y llevarlas al rey pero las yeguas mataron a Abderis y volvieron a escapar. Hércules tuvo entonces que comenzar de nuevo todo el trabajo con el dolor y la culpa por la muerte de su amigo. El primer trabajo nos avisa del peligro de actuar de forma impulsiva y arrogante y dejar las cosas sin terminar.

En el signo de Tauro, Hércules tiene que capturar al Toro de Creta. Minos, rey de Creta, tenía en su poder el toro blanco que Poseidón, el dios del mar, le había pedido sacrificar en su nombre. Minos se resistía a realizar el sacrificio y Poseidón lo castigó provocando en su esposa Pasifae un amor loco por el toro que la llevó a concebir con él al famoso Minotauro. El toro recorría la isla echando fuego por las narices y destruyendo todo lo que encontraba a su paso. Hércules recibió del encargo de someterlo y llevarlo desde Creta a Micenas para entregarlo a Euristeo. Cuando el héroe encontró y acorraló al toro, consiguió montarlo como si fuera un caballo y lo llevó Micenas cabalgando las aguas. El toro representa el deseo ciego que provoca la locura y que el héroe interno aprende a enfrentar y dominar para transformarlo así en motor de su realización, en energía útil que puede poner al servicio de objetivos reales, constructivos y creativos.

En el signo de Géminis, Hércules tiene que ir a buscar las Manzanas de Oro del Jardín de las Hespérides. Las Manzanas de Oro eran el regalo que Gea había entregado a Hera en su boda con Zeus, y que ésta plantó en un jardín en los límites de occidente donde eran guardadas por las ninfas Hespérides y por el dragón Ladón. Una parte importante y complicada del trabajo de Hércules fue buscar el lugar, con lo que primero viajó al norte y después de algunas complicaciones, encontró a unas ninfas que le dijeron que buscara a Nereo, el anciano del mar. Este personaje tenía el don de cambiar de forma con facilidad y de eludir las respuestas directas que Hércules le dirigía. A pesar de todo Hércules consiguió algunas indicaciones que supo seguir. Durante su búsqueda del jardín vivió diferentes aventuras entre las que encontró a Busiris, que se decía un gran maestro y que con palabra fluida supo liar y engañar a Hércules y atarlo a un altar de sacrificios. Hércules pudo liberarse y dejo a su vez a Busiris sujeto al altar. Cuando por fin Hércules llegó al jardín, encontró al titán Atlante con la bóveda del cielo sobre sus hombros y se compadeció de él, así que le propuso descansar un poco y que fuera él a por las manzanas mientras él sujetaba la bóveda del cielo. Atlante acudió al jardín y ayudado por las ninfas recogió las manzanas, pero al verse libre decidió escapar y llevarlas él mismo a Euristeo. Hércules descubrió sus intenciones y supo engañar a Atlante. Le pidió que sujetara un momento la bóveda mientras él buscaba algo que aliviara sus hombros, Atlante accedió y así quedó otra vez atrapado mientras Hércules tomaba las manzanas y seguía su camino. En Géminis el héroe da muchas vueltas, es engañado por maestros, algunos sabios pero cambiantes y poco claros, otros charlatanes y de malas intenciones, por el titán Atlante, que en realidad cae en su propia trampa. Al final Hércules va más allá de todos esos juegos de imágenes y palabras y consigue el preciado alimento de sabiduría que representan las Manzanas de Oro.

En el signo de Cáncer, Hércules tiene que capturar a la Cierva de Cerinia. Con pezuñas de bronce y cuernos de oro era una de las cinco ciervas que Artemisa había capturado para engancharlas a su carro, pero ésta había conseguido escapar y esconderse en el monte Cerinia. Euristeo encargó a Hércules que se la llevara sin hacerle daño. El héroe la persiguió sin descanso hasta el país de los Hiperbóreos, donde la cierva se paró a beber, momento que éste aprovechó para inmovilizarla sin derramar ni una gota de su sangre. Después la cargó sobre sus hombros y la llevó a Euristeo. En Cáncer, el héroe realiza su trabajo gracias a la paciencia, la intuición, la ternura y el cuidado que le permiten recuperar y trasladar a la cierva sin hacerle daño.

En el signo de Leo, Hércules tiene que capturar al león de Nemea, que devoraba ganados y humanos y nadie era capaz de matarlo pues su piel era invulnerable a las armas. Hércules lo intentó dándole con su clava en la cabeza hasta que ésta se partió por la mitad. Entonces decidió acorralarlo hasta que consiguió que se encerrara en su cueva, que tenía dos salidas. Hércules bloqueó una de las salidas y se metió en la cueva por la otra de forma que pudo enfrentar al león y lo estranguló con sus propias manos. Después le arrancó la piel y se la puso encima, volviéndose invulnerable a los ataques. En Leo el héroe se enfrenta con su propio ego, que cuando crece en exceso se vuelve excesivo e invulnerable. El héroe lo acorrala en el lugar donde obtiene su fuerza, el propio interior de la psique, donde enfrenta a la fiera interior sin miedo y cuando consigue dominarla, ésta se convierte en su fuerza interior, su mejor aliada.

En el signo de Virgo, Hércules tiene que apoderarse del cinturón que Venus había regalado a Hipólita, la reina de las Amazonas. Hércules luchó con ella hasta matarla. Según la historia, Hipólita estaba dispuesta a darle el cinturón sin luchar hasta la muerte pero Hércules, cegado por la lucha, terminó matándola. Para compensar su exceso tuvo que rescatar a la virgen Hesíone del vientre de una ballena. Vemos al héroe actuando sin piedad, enzarzado en una lucha de sexos nacida de las ideas y luchas patriarcales que despreciaban la fuerza en la mujer, las necesidades del cuerpo y la conexión con nuestras emociones. Actúa cegado por su propia fuerza y sin piedad, desconectado de la empatía, del respeto del otro y del pacto acordado. Olvidado de sí mismo y de sus necesidades y emociones. El héroe en Virgo aprende a medir su fuerza, a poner límites a sus impulsos ciegos, a conectar con sus sentimientos y su intuición lógica. Tiene que rescatar su alma de los prejuicios que la limitan.

En el signo de Libra, Hércules tiene que capturar al jabalí de Erimanto, una bestia de enormes colmillos que destrozaba todo lo que encontraba a su paso. En el camino hacia Erimanto, Hércules encontró a dos centauros que le ofrecieron compartir su vino. Hércules aceptó y armaron una gran juerga que atrajo a los demás centauros. Al ver que sus compañeros estaban bebiéndose el vino que era de todos, se enfadaron y los atacaron. Hércules entró en la pelea y mató a varios centauros y en un descuido murió uno de sus amigos. Cuando por fin subió a las montañas donde vivía el jabalí, consiguió con sus gritos sacarlo de su escondite y llevarlo a una zona cubierta de nieve donde saltó sobre su lomo. Después lo ató con cadenas y lo trasladó sobre sus hombros. En Libra, el héroe no enfrenta las cosas de forma directa, da mil rodeos, esconde el miedo o la pereza y elude la decisión y la voluntad de acción que lo llevan a cumplir sus verdaderos objetivos. Esta actitud puede entretenerlo en cuestiones ajenas en las que pierde su energía y su cordura. Después tendrá que volver a encontrarse. En este caso el jabalí representa el aspecto salvaje de Hércules, su lado brutal que destruye sin necesidad.  El héroe tendrá que enfrentarse consigo mismo y sus zonas oscuras y reconocer y elegir con honestidad su camino. Recuperarse y encarar sus metas, en las que tendrá que poner toda su astucia, inteligencia, habilidad e intuición para dominar su fuerza interior y aprender a pactar con ella para aprovechar de una forma útil su energía, tanto para su propio crecimiento como para servir al colectivo.

En el signo de Escorpio, Hércules tiene que vencer a la Hidra que vivía en el pantano de Lerna, un monstruo de nueve cabezas, una de ellas inmortal. Para alcanzar a la Hidra, Hércules tuvo que caminar entre las aguas oscuras y peligrosas del pantano, símbolo de los lugares oscuros de la psique inconsciente en los que guardamos nuestros secretos inconfesables. Cuando llegó a la cueva donde se escondía el monstruo, lanzó sus flechas de fuego y consiguió sacarla pero cada vez que cortaba una de sus cabezas, ésta crecía multiplicada. Hércules agotado se arrodilló y al acercarse la Hidra, la tomó en sus brazos y la elevó en el aire donde, al tomar contacto con la luz del sol y el aire fresco, perdió su poder. Hércules consiguió cortar su cabeza inmortal y la enterró bajo un montón de piedras. El héroe en Escorpio enfrenta sus monstruos más sombríos y resbaladizos. Tiene que asomarse a sus emociones más oscuras e iluminar a la bestia interior que alimentan, para reconocer con humildad sus debilidades, sus envidias, sus celos, sus ocultos deseos que, al salir a la luz de la conciencia, pierden su fuerza y alejan los miedos que nos provocan.  El verdadero poder de la Hidra, su cabeza inmortal, se integra en la psique como energía de renovación, como la fuerza vital, la energía que recorre la vida y la renueva en cada ciclo, canalizada con el poder de la voluntad.

En el signo de Sagitario, Hércules tiene que alejar a las aves salvajes del lago Estínfalo, animales de pico, garras y plumas de bronce que atacaban a humanos y ganados y les contagiaban enfermedades. Como se escondían entre los matorrales del lago, Hércules agitó con fuerza los címbalos que Atenea le había regalado y consiguió que levantaran el vuelo, así pudo matar a muchas y espantar a las demás, que emigraron a otro lugar. Podemos asociar a las aves con el elemento aire, el pensamiento y la palabra, que escondidas tras los matorrales, murmuran y acechan para contagiar sus ideas, que confunden y enferman nuestra mente y obstaculizan la conciencia, y así matan nuestra posibilidad de convertirnos en individuos libres. El sonido de los címbalos, los crótalos y sonajeros se utilizaba para alejar a los malos espíritus y proteger así a los niños y a las almas jóvenes o inmaduras de los engaños y confusiones inoculados para manipularlos. Representan las palabras claras y sinceras. Su sonido verdadero habla de la realidad y desde la honestidad, aleja la murmuración que contagia las falsas ideas que nos someten, que nublan nuestra inteligencia y nos sumergen en la inconsciencia. El héroe, con la fuerza de la palabra honesta y consciente, aleja la palabrería de los que intentan someternos a su poder con ilusiones ideológicas que intentan imponer como fe ciega, alimentada por la amenaza y el miedo.

En el signo de Capricornio, Hércules tiene que capturar al Can Cerbero, guardián del Tártaro, el territorio de Hades/Plutón. Cerbero era el perro de tres cabezas que tenía una serpiente en la cola y guardaba las puertas del Tártaro, el territorio del que nadie podía regresar. Hércules pidió ayuda a Hermes, el dios que abre las puertas, que guía en las encrucijadas, tiene el don de lenguas y como Psicopompo guía a las almas y se mueve libre entre el consciente y el inconsciente. Para realizar el viaje, Hercules fue iniciado en los misterios eleusinos y gracias al consejo de Hermes supo eludir a los fantasmas del Hades. Pudo ayudar a otros héroes e incluso fue capaz de paliar un poco la sed de las almas allí encerradas. Cuando llegó ante el trono de Hades, éste le dijo que podía llevarse al perro Cerbero solo si lo hacía sin utilizar sus armas, por lo que Hércules sólo utilizó su maza para asustar a Cerbero y así consiguió que éste le siguiera. El héroe en Capricornio se enfrenta a la iniciación que supone atravesar su propio mundo interior, mirar de frente su sombra y aprender el lenguaje del alma que permite ir a los territorios de la psique sin perder la cordura. En el Tártaro psíquico, consigue liberar potencias y capacidades que estaban atrapadas por su sombra, por esas zonas oscuras que escondemos. Su viaje saca a la luz de la conciencia esos fantasmas, libera el alma de sus ataduras, alimenta su esperanza, enfrenta el monstruo de nuestros juicios, de nuestra rigidez y falta de compasión. El monstruo que nos atrapa en la cárcel de las propias culpas y con ellas, atrapa la fe, el amor, la alegría y sobre todo la conciencia, el gran regalo del viaje interior. En este trabajo, el héroe aprende a dominar esa pasión castigadora del súper ego que, apostado en las fronteras de la psique, nos empuja a vivir en la ignorancia y el miedo, atrapados en un lado o en el otro. Vence al monstruo sólo recordándole quien manda en la psique, colocándose en el centro de su ser y alcanzando lo que Jung llamó Individuación. El viaje puede ser terrible, pero su regalo será la liberación del ser interior, de lo más creativo y autentico que nos convierte en individuos completos.

En el signo de Acuario, Hércules tiene que limpiar los establos del rey Augías, que inundaban la atmósfera de malos olores. Pidió a su sobrino Yolao que lo ayudara en el trabajo y juntos derribaron las barreras de los establos y desviaron el curso de los ríos Alfeo y Peneo, que los inundaron y limpiaron con facilidad. Hércules había pedido al rey una parte del ganado si conseguía limpiar los establos, pero el rey no quiso reconocer su trabajo y no le pagó lo acordado. El héroe de Acuario colabora con otros para derribar las barreras que encierran en límites a las sociedades y les impiden evolucionar y las hacen irrespirables. Al eliminar esas barreas, la energía purificadora y vivificadora que representa el agua entra con libertad, limpia lo que ya no sirve del pasado y fertiliza los brotes nuevos. El héroe en Acuario utiliza su inspiración, su inventiva, su conciencia de las energías naturales y su perspectiva para abrir compuertas e inundar de nueva vida los campos. En los dos ríos vemos las energías de Vida, representadas por Marte y Venus. La energía vital que busca su renacimiento y remueve las viejas estructuras para alcanzar mayor comprensión, conciencia y creatividad. Como a Hércules, no es fácil para los pioneros ver reconocida su labor de cooperación y apertura a las nuevas ideas.

En el signo de Piscis, Hércules tiene que robar los bueyes de Gerión, monstruo de tres cabezas que vivía en la isla de Eriteya, cerca del Tártaro. Hércules tenía que atravesar los océanos hacia Occidente y consiguió que el Sol le prestara su Copa de Oro, con la que cada noche volvía al Este después de haberse puesto en el Oeste. Cuando Hércules llegó a la isla tuvo que luchar con el pastor y el perro que cuidaban las manadas, a los que venció con su maza, y cuando empezaba a cargar los bueyes apareció Gerión, al que también venció con sus flechas. La leyenda cuenta que al volver erigió las Columnas de Hércules, en el estrecho de Gibraltar, para recordar su viaje a los océanos más allá del mundo conocido. Mientras bordeaba las costas del Mediterráneo fue atacado por los ladrones de ganado y cuando agotó sus flechas pidió ayuda a Zeus, que mandó una lluvia de piedras. Encontramos en este trabajo un símbolo muy importante y antiguo, el de la Copa o el Grial, símbolo de purificación y renacimiento. Después de atravesar las aguas del océano, la psique colectiva, la copa lleva al héroe, el individuo consciente, más allá de sí mismo a colaborar en la evolución de la conciencia colectiva. En Piscis se convierte en pastor del rebaño que estaba sometido al monstruo de tres cabezas Gerión, que engañando y manipulando a las masas las somete para su beneficio. El héroe convertido en pastor las sumerge en el cuenco del Grial para purificarse de sus fantasías y renacer a una nueva conciencia de ser, a la que protege de otros que quieren robar su libertad. En Piscis, el héroe se entrega al bien colectivo y trasciende así las limitaciones impuestas a todos. Abre horizontes, supera obstáculos y coloca las columnas que señalan el camino. Hércules alcanza el estatus de héroe solar que encarna al sol en su recorrido anual y alcanza la inmortalidad en el ciclo eterno, simbolizada por su casamiento final con Hebe, la diosa de la juventud y de la luna creciente, que representa el renacimiento anual del sol y de la vida.

 

 

 

 

 

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