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Eros y Psique

Posted on 13/01/2016 by

Comentario sobre  el cuento: Eros y Psique.

En El Asno de Oro de Apuleyo (II d.C.), el protagonista, Lucio, al  interesarse por la magia se ve convertido en asno y después de una serie de aventuras, experimenta una transformación y es iniciado en los misterios de Isis y Osiris. En medio del cuento y en una  situación precaria en la que ha sido raptado por unos ladrones, una anciana mujer, con la intención de calmar a otra joven que ha sido raptada, les relata la historia de Eros y Psique.

Psique era una muchacha tan bella que despertó los celos de Venus y el miedo de sus posibles pretendientes. Ante el conflicto que suponía la excesiva belleza de Psique, Apolo propuso a sus padres que la dejaran sobre una montaña donde sería entregada a un monstruo, pero cuando Eros, que había sido encargado de inflamar el amor entre Psique y el monstruo, se hirió en un descuido con sus propias flechas, se enamoró de Psique y se la llevó a su palacio.

Eros y Psique se entregaron a su amor en secreto con una condición, ella nunca podría verle la cara. Como su palacio era un lugar mágico, manos invisibles atendían todas las necesidades y proveían de manjares y bebidas, de forma que Psique sólo tenía que entregarse a la contemplación y el disfrute de sus encuentros con Eros.

psyche-william-waterhouseUn día, Eros aceptó que fuera visitada por sus hermanas que, al ver la idílica vida de Psique, se llenaron de envidia y antes de marcharse la dejaron llena de dudas sobre la posible monstruosidad de su amado. Psique se dejó  convencer por sus hermanas y decidió descubrir la cara de Eros, así que por la noche, mientras él dormía, encendió una lámpara. Psique pudo apreciar que su amado era un hermoso joven, pero una gota del aceite hirviendo  cayó sobre el cuerpo de Eros, que al descubrir la traición la expulsó de su palacio.

Psique, sola y desesperada, además de embarazada de Eros, decidió acudir al palacio de Venus a pedirle ayuda. La diosa aceptó a Psique en su palacio pero la sometió a una serie de pruebas muy duras. En la última prueba Psique cayó en un profundo sueño del que fue salvada por Eros que la llevó al Olimpo, donde se casaron y nació su hija Hedoné (Gozo o Placer).

Esta  historia alimentará con el tiempo cuentos como la Bella y la Bestia, la Cenicienta,  La Bella Durmiente o Blancanieves y perpetuará así su carácter iniciático en diferentes niveles: la necesidad de integrarse y ser aceptado, el amor en sus diferentes facetas, las relaciones de género como se concebían en la época de los romanos, pero sobre todo nos interesa aquel en que trata sobre la madurez que representa la fusión de todas la dualidades y que permite acceder al nivel de Ser; la unificación y la individuación, el gozo y el placer de ser uno mismo y elegir, crear, experimentar y comunicar. La fusión y unificación interna de las dualidades masculino/femenino, ánima y ánimus (C.G.Jung), espíritu y materia, alma y mente, mente y cuerpo, razón y sentimiento.

Eros

En los mitos órficos, Eros era Fanes, el primer ser nacido del huevo cósmico, una divinidad andrógina que dio nacimiento al tiempo y a todos los seres. Y en la época de los dioses olímpicos pasó a ser hijo de Ares y Afrodita, que representaba el poder de atracción y el instinto sexual. Eros se convirtió en ese eterno adolescente que hería con sus flechas a los mortales y les obligaba a enamorarse.

Eros es otro aspecto de Hermes/Mercurio y como intermediario entre los niveles internos y externos del ser humano conduce el alma a las profundidades de su realidad, al reconocimiento, la purificación y la creación de su individualidad única. Eros obliga a abrir la conciencia y percibir otras versiones de la realidad, a descubrir aspectos latentes, a reconocer e integrar los aspectos masculino o femenino que solemos proyectar en el exterior.

Psique

Psique representa el alma que, atrapada en las flechas de la pasión, comienza su camino de autodescubrimiento, purificación e iniciación que la llevará a la revelación de su verdadera esencia, de su ser real, más allá de la arrogancia, del orgullo y de los diferentes personajes creados por su ego.

El fuego del amor y la pasión es la llave mágica que inicia el camino hacia el matrimonio místico, hieros gamos, la unión de los opuestos internos y la creación del ser completo. Y no siempre el amor y la pasión son despertadas por otro ser humano, muchas veces por un anhelo poético o místico, por un sueño, una vocación, un proyecto, por la curiosidad, la pasión por conocer, por descubrir, investigar y desvelar los secretos del cosmos.

El cuento de Eros y Psique nos describe el estado idílico de los comienzos, en el que el ser amado, el nuevo hijo, el proyecto, la vocación, el viaje, es excitante y maravilloso. Y el descenso a los infiernos que supone el descubrimiento de la realidad, de lo cotidiano de esa aventura, de esa creación, de la persona que amamos, de la idea, el proyecto, de aquello en lo que habíamos puesto toda nuestra ilusión. Y es Psique quien desvela el aspecto real, nuestra psique con sus inquietudes, su impaciencia y sus miedos, sus sensaciones y confusiones, su orgullo y su deseo o ¿no es lo que nos pide desde el fondo de la historia eso que llamamos alma? Saber, conocer, no aceptar imposiciones externas en aras ni del más grande amor, ni de las mayores riquezas y comodidades, ni de promesa alguna de futuro. Cuando reprimimos nuestros deseos de conocer y comprender, reprimimos la esencia misma de nuestra psique/alma. Psique nos pide Ser, ser sí mismo, más allá de cuentos y engaños, y Ser nace de un viaje iniciático, de una transformación.

Ambos tienen que superar  la prueba que supone madurar. Psique, el alma, el ánima,  tiene que descubrirse,  reconocerse capaz de superarse a sí misma, de tomar sus propias decisiones y elecciones. Eros, el espíritu, el deseo, el impulso creador, la mente, el ánimus, tiene que romper las dependencias con su origen y cultura, con las tradiciones,  y  asumirse capaz de aceptar ser quien es, libre e independiente para elegir.

Las hermanas murmuradoras representan esas parcelas inquietas de nuestra psique que nos acucian de dudas e inquietud ante cualquier experiencia de pasión.

Antes o después, en cualquier situación, la realidad se impone y el acto creativo reclama realidad y responsabilidad, esfuerzo y continuidad, compromiso y conciencia. Reclama su tiempo para descubrirse, ser investigado y experimentado, llevado hasta sus últimas consecuencias para alcanzar la realización que esconde. Y más allá de las condiciones del ego, exige entrega.

Las pruebas de Psique

Como nos cuenta  M. L. Von Franz en: El Asno de Oro –Interpretación de un Cuento: Podemos interpretar a Psique como una figura de la psique colectiva. Desde esa perspectiva nos propone ver en cada prueba las actividades necesarias de cualquier proceso de maduración:

Entre las  pruebas que le impone Venus a Psique, en la primera tiene que  separar  los diferentes granos de un montón en el que están todos mezclados, en esta tarea  la ayudan  las hormigas. Ordenar el grano = Ordenar la confusión interior. Es necesario descubrir los propios valores  y sentimientos  para poder elegir lo que es válido para nosotros de lo que no lo es, y en este proceso no nos sirve sólo el  discernimiento lógico, es fundamental también el sentimiento porque así podremos elegir lo que realmente nos es afín, lo que está en sintonía con nuestro sentimiento y razón.

La función del inconsciente, aunque parezca caótico y desordenado, es también ordenar el desorden, sólo hay que darle tiempo. Esa es la función del sueño, de los tiempos de meditación, de los reposos y convalecencias, del silencio. Y es esencial la lealtad, la confianza y la fidelidad interna que dejan actuar a esa parte del inconsciente que devuelve el caos al orden.

En la siguiente prueba, Psique tiene que ir a un bosque donde pacen rebaños de ovejas doradas y llevar a Venus un copo de su lana. Psique ve imposible realizar la prueba y piensa que lo mejor es tirarse al agua y acabar con todo, pero un junco de la orilla le pide que no lo haga y le aconseja sobre la mejor forma de acercarse a las ovejas para que no la ataquen y poder recoger así la lana. El junco aquí representa la sabiduría del instinto que está en el inconsciente. Psique tiene que esperar a que caiga el sol, ya que el sol excita a los carneros. Cuando éste caiga, estarán tranquilos y la dejarán acercarse sin atacarla. De una fuerte emoción podemos obtener una revelación y un aprendizaje siempre que sepamos esperar a que se pase la excitación y la intensidad inicial, que sepamos esperar sin reaccionar enseguida, pero tampoco reprimirla para poder observarla y reconocer lo que realmente significa.

En la tercera prueba, Venus le da un vaso y la envía a recoger las aguas que nacen de una fuente tenebrosa  guardada por terribles dragones en una alta montaña. Cuando Psique llega al lugar queda bloqueada ante la tremenda tarea, pero en ese momento aparece el águila real de Júpiter, que acude en su ayuda y recoge el agua para ella. El águila simboliza la luz, la claridad de la mente que despeja la oscuridad, la consciencia. Como ave de Júpiter simboliza la tormenta y el rayo que ilumina la oscuridad, revelación, iluminación, comprensión súbita. El águila ve desde arriba todo el paisaje. Psique aprende a alejarse y elevarse para ver con más claridad las situaciones.

Venus, cada vez más enfadada por lo éxitos de Psique, la manda al infierno con una cajita para pedirle a Proserpina (Perséfone) que ponga en ella una parte de su belleza.

Psique agotada decide quitarse la vida tirándose desde una torre, pero la torre habla, la convence de que no se tire y le explica la manera de  llegar al Tártaro y luego volver a salir; tiene que llevar dos bolas de harina cubiertas de vino mezclado con miel, una en cada mano, y dos monedas en la boca. Le recomienda no parar cuando vea a un asno cojo y un hombre también cojo que le pedirán ayuda, deberá seguir sin hacerles caso y llegar al río de los muertos donde Caronte la cruzará con su barca a cambio de una de las monedas que lleva en la boca. Le aconseja no ayudar a un viejo que le pedirá subir a la barca. Al llegar al otro lado, encontrará unas tejedoras que le pedirán también ayuda y a las que tampoco debe hacer caso, no debe hacer nada para que no se le caigan las bolas de harina que lleva en cada mano y que le servirán para pasar delante del terrible perro de tres cabezas que protege las puertas del Tártaro. Cuando llegue, Proserpina la recibirá amable y pondrá en su cajita lo que le ha pedido Venus, un trozo de su belleza, pero le aconseja no comer nada más que un trozo de pan común entre lo que Proserpina le ofrezca, y marcharse dando al perro la otra bola de harina para que le deje salir y a Caronte la otra moneda para que le cruce el río de vuelta. Sobre todo le aconseja no abrir la cajita.

Psique realiza todo lo que la torre le ha dicho pero cuando sale del Tártaro, cae en la tentación de abrir la cajita y utilizar el secreto de belleza que tiene dentro, “desde luego soy tonta llevando esta belleza divina de la que no puedo extraer siquiera una ínfima parte. Así podría yo complacer a mi amante tan apuesto.”  (Eros y Psique, Apuleyo, Atalanta Edit.)

Psique abre la cajita y en ese instante cae en un profundo sueño. Eros, recuperado ya de su herida, escapa de la habitación donde lo tiene recluido su madre y vuela hasta Psique, a la que despierta de su sueño con un beso.

Psique viaja al Tártaro y aprende a tener claras sus metas, a no desviarse ni distraerse de su camino enredándose en los caminos de los demás. A no perder lo que tiene entre las manos, las dos bolas de harina,  ni en la boca, las monedas, que son fundamentales para abrirle las puertas. No se entretiene con otras actividades, ni hablando, porque se le caerían las monedas de la boca. Tampoco se detiene en placeres que no le corresponden cuando Proserpina le ofrece comer sus manjares, pero cuando ha superado todas las tentaciones que pueden desviarla de su camino y ha alcanzado su meta, vuelve a cometer el mismo error del comienzo, cae otra vez en la tentación de su curiosidad, en este caso alimentada por la avaricia de obtener la misma belleza de las diosas, y como en la mayoría de los cuentos, su desobediencia se transforma en la Félix culpa que conduce a la aceptación de uno mismo y a la redención del perdón y el beso, que simboliza el soplo unificador que permite alcanzar la conciencia.

Dice Antonio Betancor en su epílogo del libro: Eros y Psique, Apuleyo, editadopsique1 por Atalanta:

 “…Parece inevitable suponer que Apuleyo tuviera presente, a la hora de componer su novela,  la concepción platónica de un alma inmortal  aprisionada en un cuerpo animal… El alma (psique) es, en el mito platónico, un ser inmortal que pierde, en el momento de su encarnación humana, su coordinación con los poderes del universo. Al identificarse con su cuerpo mortal se exilia de su naturaleza originaria, de sí misma  y de su innata comunión con lo creado “pierde sus alas”, se dice en el Fedro de Platón. 

Pero esta visión platónica supone aceptar esa división, esa ruptura interna como una realidad inevitable. Una idea de la que podemos despegarnos si reconocemos la creatividad y la intuición innata, si avanzamos hacia nuestras metas, aceptando el esfuerzo y el compromiso, y dejamos a los platónicos que sigan soñando el sueño de lejanos cielos que el telescopio Hubble ya ha desvelado, y nos unimos por dentro, con todas las facetas de nuestro ser, en el abrazo y el beso interno.

Ya lo dijo William Schakespeare en boca de Hamlet: Be or not to be, that is the question, ser o no ser, esa es la cuestión.

Entregarse a la propia pasión del descubrimiento.

Confiar y dejar que en el silencio del sueño o la meditación se ordene el caos, la confusión de las experiencias acumuladas, con sus dudas e inquietudes, y se separe el grano de la paja, lo de verdad importante de lo insignificante.

Esperar con paciencia a que pase la intensidad emocional, que puede llevarnos a actuar de forma equivocada.

Elevarse sobre las situaciones para verlas con perspectiva.

Identificar las propias metas.

No enredarse en metas y necesidades ajenas que nos alejan de las propias y nos roban energía.

No desperdiciar nuestras habilidades.

Valorar los bienes y herramientas que nos ayudan a alcanzar nuestro propósito.

No desviarnos por entretenernos en placeres que no nos corresponden.

Mantenernos centrados y concentrados en nuestro objetivo.

Reconocer, perdonar y aceptar nuestros propios errores y recuperar la ilusión para al fin, descubrir las recompensas que corresponden al camino elegido y valorar el aprendizaje y la madurez, la experiencia de individuación que supone.

Captura

 

 

 

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