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El río

Posted on 19/08/2015 by

Río y viaje son símbolos de iniciación y autoconocimiento.

El río reúne las aguas para viajar hasta su disolución en el gran todo oceánico.

El viaje nos lleva siempre más allá. El viaje a lugares desconocidos, el viaje largo, el viaje más allá de las fronteras de lo familiar, nos arrastra como el río hacia lugares nuevos, lugares que van desprendiendo nuestras máscaras habituales y nos descubren una realidad más profunda. A veces la revelación total de lo que somos, que nos transforma o aniquila, o las dos cosas a la vez, porque alguna muerte se llevará los restos de lo que fuimos y al volver, ya no seremos los mismos en esos lugares, que se habrán trasformado bajo nuestra nueva mirada.

Eso le pasa al afinador de pianos, Edgar Drake, embarcado en un viaje surrealista a la selva birmana en el siglo XIX, con la misión de afinar un piano Erard.

Surrealista y terrible en muchos casos, y absurda, es la historia de todas las colonizaciones, una historia de rapiña, también muy humana, que todavía tiene las heridas abiertas y que Daniel Mason en El afinador de pianos, y Joseph Conrad en El corazón de las tinieblas, nos cuentan con un viaje y un río como protagonistas. Viaje y río que acompañan a dos personajes que, aunque quizás no lo saben, se van buscando a sí mismos, en un viaje en el que nada está garantizado porque nada de eso existe en esa dimensión del inconsciente y de la psique individual y colectiva que es el símbolo del río.

El río irresistible e irreversible, el río que nos atrae y arrastra de sus fuentes a la disolución, el río que trascurre entre la vida y la muerte.

El río como tiempo, como tránsito, como encrucijada definitiva.

El río que alimenta sus orillas, tránsitos también del barro a la selva virgen y fértil,  las piernas abiertas de la Gran Madre, que lo contiene todo, la tiniebla y la luz, la revelación, la redención y la disolución sin remedio. Purificación siempre en definitiva de algo que somos durante un tiempo y que se esfuma en el mismo viaje que es la vida.

Metáforas de la vida sea como sea y donde sea que la vivamos, y nos demos cuenta o no.El ríogrulla

Y como decía Jung, como símbolo de “la oscura psique” del verdadero viaje al fondo de uno mismo, de una pisque, individual y colectiva, poblada de ángeles y demonios, en la que la única redención radica en la evidencia de quienes somos, de lo que elegimos, y de que nos  damos cuenta.

El río, espejo de la vida que nace y muere, símbolo del tiempo, contenedor de recuerdos. Todo vuelve otra vez a su lugar de origen.

Una mujer paseando bajo una sombrilla en un atardecer iluminado.

El río que es sangre en las venas, que es latido y tesoro escondido, y el misterio que nunca podrá ser del todo desvelado.

El marino del relato de Conrad describe la selva y el río poderosos, verdaderos protagonistas, lugares en los que el humano habita o viaja, atrapado en su propia sombra. Y nos describe también en nuestras múltiples máscaras, como a esos que lo acompañan en el viaje y a los que llama peregrinos, porque no sabe bien qué hacen allí con sus largos palos en las manos, interesante metáfora de búsqueda, de viaje, de camino y de vida, aunque no sepamos qué y para qué y hacia donde, ni siquiera el cómo.

Acabo de volver a leer los dos libros, magnífico Joseph Conrad, en su viaje a la oscuridad y a la verdad. Y magnífico Daniel Mason, con su viaje a los sonidos y los colores más originales y más allá de todas las infamias.

el-corazon-de-las-tinieblas1

El afinador de pianos

 

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