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EL CICLO DE LA LANA

Posted on 12/04/2016 by

El ciclo de la historia es como el ciclo de la lana, al principio todo es lento, criar las ovejas, esquilarlas, tratar la lana, tintarla, montar la urdimbre en el telar. Una vez hecho, sólo hay que ir lanzando la madeja y elegir los hilos y los colores para hacer el tapiz.

El espacio/tiempo es cíclico y cada ciclo compone su tapiz de instantes que se entrecruzan.

Al principio todo es lento, es promesa, esperanza, elaboración y paciencia, el ciclo es joven  y necesita esa lentitud para manifestar su tono, su esencia. Cuando el ciclo se acerca a su centro, a su culminación, se perciben con más claridad sus tonos y colores, su fuerza y su debilidad, los acordes dominantes. Después serán los frutos y el repliegue, y una disminución de la energía que permitirá tener eso que llamamos perspectiva, y evaluar lo vivido, lo aprendido, lo descubierto.

Conforme el ciclo se cierra, el tono específico que le dio su fuerza empieza a declinar y todo lo que el ciclo ha creado y manifestado pasa por el tamiz de la permanencia,  la frontera de la eternidad.

Algunos acontecimientos dejan profundas huellas que diseñan su dibujo, otros vuelven otra vez al vacío, o se disuelven lentamente y se convierten en material de desecho, en abono de futuros diseños.

Las antiguas diosas tejedoras simbolizaban el tiempo y sus ciclos, como las tres Moiras; Cloto, que hilaba las vidas con su rueca; Láquesis, que medía su duración y Átropos, que blandía sus tijeras cortando el hilo.

Las Moiras eran hijas de la antigua Nix, señora de la noche, y aparecían a veces como doncella, mujer madura y vieja sabia, las tres caras de la vieja Hékate, la luna en sus tres fases.

Personificaciones femeninas del ciclo que son arquetipos de la madre como canal de entrada en el tejido espacio/temporal, y de la tierra, que sostiene el gran tapiz de la biosfera.

Las Moiras, las Parcas o las Nornas vikingas, que vivían debajo del árbol sagrado tejiendo los hilos de la vida, son arquetipos del devenir de los ciclos.

Aliadas de la titánide Mnemósine, vigilan las dos fuentes, la de la memoria y la del olvido, atentas para capturar las vidas de los incautos y atraparlos en sus caprichosos tapices, pero también dispuestas a enseñar a los despiertos su secreto arte de tejer.

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