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DONDE NACEN LOS CUENTOS

Posted on 10/12/2014 by

Los mitos, los cuentos y los sueños tienen todos algo en común, ocurren en un espacio diferente al de la realidad cotidiana en el que los héroes vuelan, las princesas se duermen durante cien años, las hadas, brujas y duendes conviven con los humanos, los animales hablan y ocurre todo tipo de cosas maravillosas en un tiempo mágico.

Sueños, cuentos y mitos pertenecen a esa dimensión que C.G. Jung llamó Inconsciente Colectivo. Ese lugar oceánico que contiene la memoria de todos, donde se guardan los misterios y en el que habitan los arquetipos.

Muchos mitos antiguos del mundo griego han llegado hasta nuestros días viviendo en los cuentos de hadas. Viajando en los cuentos y leyendas han ido transformándose y recreándose en el lenguaje mágico de los símbolos.

Dionisos

Uno de los príncipes de nuestra historia será Dionisos, nacido de Zeus, el rey de los dioses, y de Sémele, una de sus amantes. Hera, la celosa mujer de Zeus, ordenó a los Titanes que descuartizaran al niño. Cuando Zeus consiguió alejarlos ya se habían comido todo menos el corazón, que aún palpitaba, lo que permitió que fuera recreado y devuelto a la vida.

Dionisos fue así renacido, o nacido dos veces, acontecimiento fundamental en las antiguas religiones mistéricas, en las que se celebraba la muerte y resurrección anual del cereal en el ciclo agrícola. Dionisos era un dios de la agricultura emparentado con Deméter, la diosa del cereal, que se especializó en el cultivo de la vid y la elaboración del vino. En sus rituales se usaban máscaras y disfraces de animales, se hacía música, se recitaban cantos poéticos y se danzaba en medio del éxtasis alcohólico.
En la corte de Ninfas, Sátiros y Silenos que acompañaban a Dionisos, encontramos a las futuras Hadas, Brujas, Trasgos, Duendes y Gnomos.

Ninfas

Las Ninfas eran asociadas a diferentes manifestaciones de la vitalidad de la naturaleza. A las aguas de los océanos, de los ríos y las fuentes. A los árboles, los bosques, las praderas y las cuevas. Las Ninfas se convertirán en las Hadas de los cuentos.

Sátiros

Los Sátiros, con Pan a la cabeza tocando su flauta, aparecen en los mitos asociados al aspecto salvaje de la naturaleza. Con cuernos, orejas y patas de cabra, participaban en las bacanales confundidos entre las Ménades, que veremos más adelante convertidas en brujas de cuentos y aquelarres.
Este grupo de seres que se reunían entorno a Dionisos, seguirán viviendo en lo profundo de los bosques y aparecerán disfrazados en los cuentos. Hasta ese momento, son el núcleo central organizador de las fiestas de la cosecha y la vendimia, y de las fiestas que celebraban el final del invierno y la llegada de la primavera, que hoy día seguimos celebrando convertidas en carnavales.
Estas fiestas se vivían como rituales que servían para estimular la fertilidad de la naturaleza y del ciclo anual.

Ariadna

La princesa en la historia de Dionisos es Ariadna, hija de los reyes de Creta, donde Dédalo, el inventor y constructor, fue encargado de construir un laberinto para esconder al Minotauro, un ser bestial con el cuerpo de hombre y la cabeza de toro, nacido de la loca unión de la reina Pasifae, madre de Ariadna, con el toro blanco.
El Minotauro reclamaba cada año una ofrenda de carne humana que tenían que servir los atenienses, sometidos al poder de Creta. Teseo, príncipe de Atenas, decidió acompañar a los jóvenes y doncellas con la intención de acabar con la bestia. Cuando llegaron a Creta, Ariadna se enamoró de él y decidió ayudarle dándole un carrete de hilo que le serviría para salir del laberinto después de matar al monstruo. A cambio Ariadna le pidió a Teseo que la llevara con él a Atenas.

Teseo sale triunfante del laberinto y embarca con Ariadna. En la isla de Naxos, atracan para repostar sus naves mientras Ariadna cae en un profundo sueño en la playa. Teseo, que en realidad no está interesado en casarse con ella, aprovecha la ocasión para dejarla abandonada. Allí la encontrará Dionisos, que se enamora y rescata a la “Bella Durmiente” casándose con ella y llevándola al cielo convertida en la constelación de la Corona Boreal.

La antigua diosa Señora del Laberinto, Ariadna, es rescatada por el antiguo dios de la vegetación, asociado al toro, que ha conseguido vencer su naturaleza salvaje y su locura y volver a nacer. Ambos se elevan juntos al cielo alejándose del nuevo mundo dominado por nuevos dioses patriarcales y guerreros.
Ariadna y su madeja de hilo, las Tres Moiras, las sabias tejedoras, hilanderas del destino, y Hékate, la Señora de las Encrucijadas, todas reaparecen en los cuentos repartiéndose los papeles de bella, bruja y hada.
Ariadna se convertirá en La Bella Durmiente, condenada por el hada mala a caer dormida durante 100 años al clavarse la astilla de un huso de hilar, y al caer en el sueño, será rodeada por una intrincada red de espinos que protegerán el espacio y el tiempo mágico en el que duerme la diosa.
Sólo el príncipe adecuado, el héroe/Dionisos, podrá atravesar la red y encontrar a la princesa, sacándola con un beso de su sueño.

Las tres Moiras

Las tres Moiras eran las tres hilanderas que tejían los destinos de los humanos, Cloto presidía los nacimientos, Láquesis lanzaba los hilos de las relaciones humanas, y Átropos cortaba el hilo en la hora de la muerte. Las tres aparecen en los cuentos como las tres hadas hilanderas. El número tres representa a la antigua diosa Luna, gran diosa en las culturas neolíticas, que en sus tres fases visibles era asociada a las tres edades de la mujer. La luna nueva era la joven doncella y el color blanco, la luna llena era la madre y el color rojo y la luna menguante, la anciana sabia y el color negro. Encontramos las tres fases en los colores de Blancanieves, niña tan blanca como la nieve, de labios tan rojos como la sangre y de cabello tan negro como el ébano. A la buena de Hékate la encontramos convertida en la malvada hechicera y madrastra de Blancanieves, que no tiene reparos en encargar la muerte de la niña y en pedir que le traigan su corazón para comérselo. Más adelante aparecerá en la puerta de la cabaña de los enanitos con tres tentaciones envenenadas para la niña, que por otra parte, caerá en todas sus trampas. En dos será salvada por los enanitos pero en la última, la de la manzana roja, un símbolo evidentemente sexual, sólo podrá ser salvada por el príncipe, que la encuentra ya convertida en Bella Durmiente, Ariadna en su laberinto.

Los Enanos de Blancanieves son genios de la tierra, trabajan en las minas y extraen sus tesoros, son compañeros de las Hadas y viven en lo profundo del bosque. Son aliados de la diosa naturaleza y acompañan a la joven doncella en el cruce entre la vida y la muerte, entre la infancia y la adolescencia. Son los aliados de Hermes, el de las sandalias aladas que acompaña a los humanos en las transformaciones vitales.

Perséfone

Otra Bella será Perséfone, la hermosa hija de Deméter, la gran diosa de los cereales y la naturaleza. Perséfone fue raptada por Hades (la Bestia), el dios del inframundo. Una profunda tristeza se apoderó de su madre Deméter, que cubrió la tierra de un manto de hielo mientras Perséfone, en el Tártaro, se comía unos granos de granada (símbolo de iniciación sexual) y se enamoraba de Hades.
Para restaurar el equilibrio, Zeus pactó un acuerdo por el que Perséfone pasaría una parte del año con su madre en la tierra y otra parte con Hades, su esposo, en el Tártaro, representando así a los ciclos de la naturaleza, y a la Luna que crece en el cielo hasta ser tragada otra vez por la oscuridad para volver a nacer a la luz.
Según K. Kerenyi, podemos ver el laberinto como un símbolo del inframundo, y a la señora del laberinto, Ariadna, como una versión de Perséfone, la diosa del Tártaro.
Ariadna (la purísima), reinaba en el mundo subterráneo, y como Aridela (la clarísima) reinaba en el cielo convertida en corona de estrellas.
Encontramos de nuevo a la triple diosa lunar que viaja cada mes de la luz a la oscuridad y otra vez de la oscuridad a la luz, en un ciclo continuo de muerte y renacimiento, con su amante el toro Dionisos (el toro enamorado de la Luna), que con su abrazo cada mes la rescata de su sueño en la oscuridad y la empuja en su ascenso a las estrellas.
El teatro nace en aquellos antiguos rituales poéticos que relataban en cantos y danzas los misterios de la naturaleza, del sexo, de la muerte, de la transformación, y que se transmitían por tradición oral de unas generaciones a otras, avisando y preparando para los conflictos y descubrimientos que contiene la experiencia vital.
Con ellos se alimentan los mitos, los sueños y la cultura, y se dibujan los arquetipos básicos de la realidad natural.
Con el tiempo se refinan los alfabetos y se construyen los lenguajes que permitirán traducir la tradición oral a nuevos formatos. Así nace la literatura, personajes míticos que se entrelazan y transforman sus máscaras de héroes y heroínas reproduciendo el misterio infinito de la vida y de la muerte, interrogándose, triunfando o fracasando frente a una realidad implacable.

1 Comment

  1. IMPECABLE COMO SIEMPRE Un gran abrazo

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