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DOCE DIRECCIONES

Posted on 21/04/2016 by

La intersección del eje del horizonte y el eje del meridiano da lugar a los cuatro cuadrantes, que varían en su tamaño debido a la inclinación de la Tierra, la latitud y la época del año en que ocurrió el nacimiento.

Hay dos formas de dividir las casas intermedias, una en base al espacio y otra en base al tiempo. La más común es la de Plácidus, monje español de comienzos del siglo XVII, que divide las casas en función del tiempo que tarda un grado en llegar desde el Ascendente al Medio Cielo. Este tiempo se divide y se convierte en las casas 11 y 12, y el tiempo que tarda un grado en llegar del Fondo del Cielo al Ascendente, se divide en las casas 2 y 3. Por extensión de estas líneas de división, nos encontramos con las casas 5 y 6, 8 y 9.

Este sistema se hizo muy popular cuando Rafael, un astrólogo del siglo XIX, publicó un almanaque en el que incluía una tabla de casas hecha con este sistema. Hoy día es el más usado y popular, y es el que utilizamos al levantar nuestros mapas. Este sistema tiene un problema, y es que en latitudes más altas de los 66 grados y medio, muchos grados nunca llegan a tocar el horizonte, por ejemplo para cartas de lugares al Norte de Suecia o Noruega, por lo tanto en estas latitudes ciertos grados de la eclíptica nunca pueden llegar a ser el Ascendente. Para estos casos suelo usar el sistema de casas iguales, aceptando los cuatro ángulos de la carta.

Las casas representan terrenos o ámbitos de nuestra vida, son campos de experiencia que tienen múltiples interpretaciones en distintos niveles. Las casas se cuentan a partir del Ascendente en sentido contrario a las agujas del reloj.

El tema natal es un momento inmovilizado en el tiempo que muestra la particular disposición de planetas, signos y  casas para esa hora y lugar.

Puesto que estamos relacionando la esfera celeste y la terrestre, divididas en doce sectores cada una, un zodíaco natural hace corresponder el Ascendente o casa 1 al signo de Aries, la casa 2 al de Tauro, la casa 3 al de Géminis, la casa 4 a Cáncer, la casa 5 a Leo, la casa 6 a Virgo, la casa 7 a Libra, la casa 8 a Escorpio, la casa 9 a Sagitario, la casa 10 a Capricornio, la casa 11 a Acuario y la casa 12 a Piscis. Este zodíaco natural es simbólico y nos ayuda a entender el significado de cada casa.

Las casas Angulares, 1, 4, 7 y 10, son las de los cuatro ángulos, que corresponden al Este – Ascendente, Norte – Fondo del Cielo, Oeste – Descendente, Sur – Medio Cielo. Y a los signos cardinales, Aries, Cáncer, Libra y Capricornio. Los signos cardinales generan y liberan energías nuevas, y las casas angulares son los sectores de nuestra vida que ejercen una importancia fundamental en nuestra individualidad: la personalidad, el hogar, las relaciones y la profesión.

Las casas Sucedentes, 2, 5, 8, 11, asociadas a los signos fijos, Tauro, Leo, Escorpio y Acuario, estabilizan y concretan la energía.

Las casas Cadentes, 3, 6, 9 y 12, asociadas a los signos mutables, Géminis, Virgo, Sagitario y Piscis, distribuyen y reorganizan la energía.

Hemos visto que los ángulos de la carta son cuatro, Ascendente, Descendente, Fondo del Cielo y Medio Cielo, y corresponden respectivamente a la casa 1, la casa 7, la casa 4 y la casa 10, así como a los cuatro puntos cardinales del espacio. El Ascendente es el Este para el lugar de nacimiento; el Descendente es el Oeste, el Fondo del Cielo es el Norte, y el Medio Cielo es el Sur.

El Este es el nacimiento, es el lugar por donde sale el Sol, es el impulso vital, la supervivencia en los primeros años de vida, es la personalidad, imagen, el yo, con lo mío, que vemos en la casa 2, y lo que aprendo, en la casa 3.

En el Norte o Fondo de Cielo, o casa 4, vemos la estructura del medio familiar e íntimo, los cimientos de la vida, el lugar en el que aprendemos a jugar, casa 5, y a crear. Y en la casa 6 aprendemos a cuidar, limpiar, ordenar y mejorar.

El Oeste, el lugar donde se pone el sol representa al otro, esas personas con las que elegimos comprometernos y compartir la vida. El Oeste es la muerte del Sol, es la muerte del ego, que nos permite abrirnos y  participar con los demás. Es en la casa 8 donde obtenemos los resultados de esa colaboración, de esa fusión e intercambio. Y en la casa 9 donde alcanzamos la sabiduría de la experiencia y una comprensión más amplia de la vida.

En el Medio Cielo y el Sur está nuestra maduración como individuos, aquí vemos nuestra huella en el mundo, expresamos nuestras capacidades y nos realizamos. En la 11 nos descubrimos parte de grupos conectados a través de la profesión, los intereses, ideas o actividades. En los que participamos como individuos y descubrimos la importancia de elegir y proyectar nuestro futuro.

En la casa 12 comprendemos que estamos inmersos en un todo mayor que es la naturaleza y sus ciclos y cambios, y que solo una parte de nuestra vida es consciente y controlable, porque en realidad somos y actuamos sumergidos en el inmenso océano del inconsciente personal y colectivo, con toda su carga de trauma y dolor, pero también de evolución y descubrimiento.

Una persona que tenga muchos planetas en el primer cuadrante, de la casa 1 a la 4, estará centrada en sus propias necesidades, individualista y capaz de alcanzar seguridad y poder en su mundo privado. La que los tenga entre la 4ª y 7ª casa, buscará establecer cimientos para crear, para desarrollar sus potencialidades al servicio de los demás. De la casa 7 a la 10, será alguien que necesitará de los demás para conocerse a sí mismo y tenderá a colaborar y participar. Quien los tenga de la 10ª a la 1ª, tendrá sobre todo inquietudes sociales, grupales y profesionales. Querrá hacer las cosas en la sociedad y por la sociedad, y obtener realización personal y reconocimiento.

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